Hombre del tiempo y de la historia. Personaje remoto que hoy
viene hasta nosotros. Filósofo y maestro, historiador y literato, escritor y
poeta, científico y conocedor de muchas ciencias. Eso fue y sigue siendo hasta
nuestros días el gran Aristóteles
Grandes han sido
los hombres de la historia, como grande ha sido la historia misma. Historia que
es escrita por nosotros, con hechos que suceden gracias a nosotros mismos.
Relatos y sucesos, acontecimientos y ocurrencias donde cabe destacar la
importancia de grandes hombres que han hecho cambiar de cierto modo el giro de
la historia.
Y tal vez no sea
la historia misma la que cambia, sino el hombre mismo quien forja su propia
historia. La influencia de los pueblos, la influencia de costumbres, los
padres, los maestros, los políticos, los filósofos, los guerreros, los
pensadores y hasta los no-pensadores
hacen de este nuestro mundo un lugar lleno de historia.
Nuestra historia
está llena de hechos, plagada de sucesos y cargada de leyendas. La historia nos
ayuda a explicarnos muchas cosas que suceden, el por qué suceden y desde cuándo
suceden. La historia nos puede ayudar a no cometer los mismos errores del
pasado y, tal vez, para nuestra propia desgracia, a seguir cometiendo los
mismos errores que hasta el momento hemos cometido y seguimos cometiendo. Los
filósofos
Dentro de los
grandes filósofos de la historia podemos señalar a tres de ellos: Sócrates,
Platón y Aristóteles. En este segundo reportaje "hablaremos" un poco
sobre nuestro buen amigo Aristóteles, insigne filósofo, fundador de lo que hoy
llamamos "Ciencia", discípulo del gran Platón y maestro de ese gran
hombre y conquistador que fue Alejandro Magno.
A veces es
difícil saber quién fue quién, qué hizo cada quien, por qué y cómo surgió tal o
cual cosa, cuando en nuestras escuelas y universidades, lo único que enseñan (o
gran parte de lo que enseñan) son cosas ilusorias, ridículas o fuera de todo
sentido; donde dichos centros, supuestamente de enseñanza, están más
interesados en las cuotas que en una buena educación. Piden que los alumnos
aprendan cosas, sin explicarles una sola razón para esto. Las cosas se aprenden
simplemente por aprenderse, para pasar; no para saber y tener una finalidad justa,
trascendente, practicable.
Aristóteles
estaba consciente de todo esto y de muchas cosas más. Desgraciadamente, en la
actualidad (una "actualidad" que tal vez no haya cambiado desde hace
mucho tiempo), el tratar de saber y conocer sobre personalidades de otros
tiempos es cosa de viejos, de pérdida de tiempo. Algo tedioso, que han hecho
tedioso y aburrido los mismos maestros y filosofitos que imparten clases (o
"cátedra", como dirían ellos).
Al escribir
sobre Aristóteles, lo que pretendo es poner en un lenguaje sencillo y
cotidiano, lo que los "maestrillos" han tratado de elevar a una
categoría que ni ellos mismos entienden. Para aprender, para conocer y para
saber, es preciso ir de lo más fácil a lo más difícil. No hay que complicarse
demasiado la vida, sino pensar y sentir como humanos que somos. La filosofía no
es complicada, es el hombre quien la hace complicada. Para conocer de los
grandes hombres, es preciso verlos tal cual eran y tratar de hablar y entender
con nuestras propias palabras ese lenguaje que muchos tratan de entorpecer y
complicar.
Aristóteles
el niño
Siempre les ha
dado por mostrarnos a un Aristóteles ya de cierta edad, un hombre que se la
pasaba pensando, muchas veces sentado, sumergido en sus pensamientos, y otras
veces de pie, dando la vuelta alrededor de un árbol, un campo o un jardín. Un
Aristóteles místico, nebuloso y muy fuera de la realidad.
Aristóteles,
ante todo, fue un niño. Un niño que como todos ama el juego, las travesuras y
las correrías propias de su época. Datos, muchos de ellos olvidados, al tratar
los escritores de enfocarse exclusivamente a sus teorías, razonamientos y
planteamientos filosóficos, en vez de poner al menos algo de atención a los
primeros pasos de este filósofo, lo cual pudiera explicar, hasta cierto punto y
hasta cierto modo, sus razones, su pensamiento y filosofía.
Aristóteles
nació el año 384 a .C.
en Estagira, un pequeño pueblo perdido entre las montañas de Macedonia, lugar
donde salía acudir todos los años desde Grecia el rey Amintas. El padre de
Aristóteles era médico y acostumbraba acompañar al rey en sus cacerías. Lo
mismo haría el pequeño Aristóteles, tan pronto como hubiera tenido la edad
suficiente como para empuñar el arco que él mismo había construido.
Un día, el rey Amintas,
viendo las posibilidades y gustos del muchacho, le regaló a Aristóteles un
soberbio y precioso arco con adornos e incrustaciones de plata y plumas de
águila. El muchacho, ni se diga, quedó fascinado con dicho obsequio. Tenía ya
un arco como los grandes cazadores.
Aristóteles
conoce a Filipo
Al año siguiente
de esto, fallece el padre de Aristóteles. Un alud le viene encima y muere. No
obstante, a pesar de ellos, y a instancias del propio rey, Aristóteles continúa
formando parte de estas regias cacerías y excursiones cinegéticas (que es el
arte de la caza). Y es precisamente en una de estas cacerías cuando el rey
viene acompañado de su hijo Filipo, un chico casi de la misma edad que
Aristóteles. Se forma y establece entre ellos una profunda amistad, tanto que
el propio Filipo pide a su padre llevar a Aristóteles con ellos para que éste
forme parte de la corte de Atenas.
Andares y
decires
Es mucho lo que
se ha dicho sobre la vida de Aristóteles. Algunos en sentido positivo, otros en
sentido negativo. Hay quienes cuentan que Aristóteles tuvo una juventud alocada
y borrascosa. Dicen que malgastó su patrimonio hasta el extremo de tener que
ingresar al ejército para no quedarse en la calle y morirse de hambre. Se dice,
además, que Aristóteles había vuelto a Estagira a practicar la medicina y que
no sería sino hasta los 30 años en que hubo de haber ingresado a la escuela de
Platón.
Hay otros
historiadores, sin embargo, que dicen que ya para los 18 años Aristóteles
estaba bajo la custodia y tutela de Platón. Ahí pasaría 20 años con él, hasta
el momento de su muere (la muerte de Platón). Tenía Aristóteles, ya para
entonces, 37 años, tiempo y edad suficiente no solamente para aprender su
teoría, sino para refutar conocimientos y establecer nuevas leyes y principios.
Los veinte
años
Fueron veinte
años en que Aristóteles aprendió grandes cosas de su maestro. Asimiló
conocimientos, entendió razones, juzgó verdades, aprendió lecciones, intuyó
sentimientos e hizo importantes deducciones que llevó a la práctica. Fueron
veinte años que le dieron suficiente tiempo para conocer la verdad (su verdad),
entrelazarla a otras verdades, a otras experiencias y otros conocimientos.
Tiempo para aprender y tiempo para construir.
Y no sólo
estudió filosofía. Aristóteles gustaba de todo lo que era susceptible a
estudio. De ahí que se interesara por las matemáticas, la historia, las
ciencias naturales, la literatura, la astronomía, la biología, la medicina y
muchas cosas más. Todo estudiaba este hombre; tanto, que en su juventud, se le
conociese como el hombre más sabio de su tiempo.
A la muerte de
Platón, Aristóteles queda como el más importante y valioso filósofo de todos
los tiempos. No obstante, a pesar de esto, y por otras muy diversas circunstancias,
Aristóteles no se hace cargo de la Escuela de Platón.
Luego, en otro
ángulo diferente de su vida, Aristóteles pasa a formar parte de la corte de
Hermías, quien en su tiempo había sido discípulo de esta escuela. Y es aquí, en
esta corte de Hermías, en donde Aristóteles conoce a una sobrina de su
anfitrión. Una mujer llamada Pitías, y con la cual se casa más tarde.
Aristóteles y
Alejandro Magno
Pasan esos años
de correrías. Tiempo después Aristóteles es llamado por Filipo para que se
encargue de la educación de su hijo, Alejandro, un chico que tenía entonces
trece años de edad y que muy pronto sería el conquistador del mundo.
Y si bien -se
dice- Aristóteles tenía un pasado no muy halagador, que digamos (se menciona
que había sido en su juventud un hombre apasionado, alcohólico y epiléptico,
cuyo único pasatiempo era divagar y domar caballos), lo cierto es que nadie
como el propio Aristóteles se podía hacer cargo de la educación de Alejandro.
Y así lo hizo. Y
no sólo esto. Se menciona, además, que Alejandro llegó a respetar la figura de
Aristóteles más que la de su propio padre. Según Alejandro -cuenta Plutarco-
"de su padre había recibido la vida; de Aristóteles, el arte de
vivir". De ahí que Alejandro imbuyera en sí mismo gran parte de la vida y
la filosofía de Aristóteles, su manera sabia de ver las cosas.
La influencia
de Aristóteles sobre Alejandro
Tanta era la
influencia del gran maestro sobre el gran Alejandro que la forma de actuar de
éste era a veces algo fiera de lo común, como la de aquella ocasión (una de las
anécdotas que mencionaba la semana pasada), en que sucede el encuentro entre
Alejandro y Diógenes, en Corinto.
Diógenes estaba
tomado un baño de sol en plena plaza pública, cuando se le acerca Alejandro, le
saluda y le dice: "Soy Alejandro, ¿Puedo hacer algo por ti?, a lo que
Diógenes le responde: "Sí, que no me quites el sol...". Se dice que
Alejandro celebró tanto esta contestación que dirigiéndose a sus soldados y
compañeros comentó: "Si no fuese Alejandro, me gustaría ser
Diógenes...".
Y la influencia
de Aristóteles sobre Alejandro continúo. El filósofo enseñó a su discípulo todo
lo que este pudo aprender. A cambio, Alejandro hizo todo cuanto pudo por dar a
su maestro todo lo que éste necesitase. Así, se sabe, Alejandro enviaba a su
mentor gran parte del botín que "había" o lograba en sus campañas. Le
enviaba, además, materiales de estudio, escritos, poemas, observaciones.
Se dice,
incluso, que Aristóteles, con la ayuda de Alejandro (ayudaba financiera que
debía ser mucha), tenía a su disposición un buen número de personas que le
ayudaban. Aristóteles tenía la oportunidad de enviar expediciones que
estudiaban el curso y correr del Nilo, tenía cazadores que le procuraban aves y
animales raros para su jardín zoológico. Por último, tenía una serie de
amanuenses que le ayudaban a compilar, escribir y redactar sus textos. Toda una
muy bonita experiencia, ¡cual si fuese hoy en día Secretaría de Estado...!
Aristóteles y
su Escuela
No fue sino
hasta que dio por terminada la educación de Alejandro y que éste subiera al
trono, en que Aristóteles parta hacia Atenas, donde funda una escuela llamada "Lykeoin";
o, para hablar o escribir más claramente (en la forma castellana, derivada del
latín): Liceo. Esto, en honor de un templo dedicado a Apolo Likeois, que
significa "Apolo: el Matador de Lobos".
La escuela de
Aristóteles se hallaba al este de la ciudad, justamente al lado de la Academia,
que era donde estaba la escuela de Platón. Una escuela donde Aristóteles
mandase construir unos pórticos, bajo los cuales solía pasear con sus
discípulos, enseñándoles "las cosas de la vida". Una escuela en la
que a sus discípulos se les conociese con el nombre de peri-patoi; o,
como uno más los conoce: peripatéticos.
Los
peripatéticos eran como unos paseantes, personas que iban aprendiendo y a las
que se les iba enseñando, a medida que el maestro caminaba de un lado a otro, hablándoles
sobre diversos temas. Personas que
caminaban alrededor de algo, dando vuelta a algo. Cosa muy parecida a lo que
pudiera ser hoy en día las visitas que los maestros o maestras hacen a diversos
museos, empresas o instituciones, y donde los alumnos están atentos a las
explicaciones y enseñanzas de sus profesores y maestros, donde al mismo tiempo
los niños o los alumnos pueden hacer observaciones, de lo que ven y hacer
preguntas sobre aquello que más les interesa saber.
La escuela de
Aristóteles no era idéntica a la de Platón. En ella se enseñaba principalmente
matemáticas, biología, ciencias naturales y filosofía. La escuela de
Aristóteles, por otra parte, trataba de ser práctica. Se intentaba asociar la
teoría con la cuestión cotidiana. Algo que aún falta mucho en nuestros días,
por más que se diga todo lo contrario.
La muerte de
Aristóteles
La escuela de
Aristóteles prosperó durante trece años durante el reinado de Alejandro; pero
una vez conocida la noticia sobre la muerte de este último, la persecución
contra los que habían mostrado simpatías hacia el conquistador macedonio, arreciaron.
Aristóteles tuvo que huir casi, para refugiarse en Calcis, región de Eubea,
lugar donde muriera el año 322
a .C., a la edad de 62 años.
Luego, a la
muerte de Aristóteles, quedó como "director" de dicha escuela su
discípulo Teofrasto. Vinieron después otras personas, entre ellas Estratón,
Licón, Aristón, Critolao, Diódoro, Erineo y otros más, hasta llegar a un tal
Andrónico, quien aún dirigía el Liceo hacia el año 110 a .C.
Los escritos
y las obras de Aristóteles
Las obras de
Aristóteles nos han llegado a través de muchos y muy diversos manuscritos que
suponen hayan sido, sino del propio Aristóteles; sí, al menos, de los
amanuenses quienes escribían sus textos. Resulta que los primeros manuscritos
(los originales), Teofrasto los legó a un fiel condiscípulo suyo que vivía en
Asia. Y ahí fueron a parar.
Luego, al saber
sus dueños que dichos originales eran codiciados por los reyes de Pérgamo, se
les ocurrió esconderlos en una cueva. Ahí, los manuscritos estuvieron
"descansando" por espacio de 150 años. Tiempo después los manuscritos
fueron "encontrados" y hallaron dueño. Los escritos fueron vendidos
siendo su comprador un bibliófilo ateniense llamado Ampelicón.
Ampelicón
preparó una edición especial con las obras de Aristóteles, pero desgraciadamente,
poco después de morir, Atenas fue conquistada y todos los escritos de
Aristóteles fueron llevados hasta Roma. Allí, el mal y recompuesto texto de
Ampelicón, fue revisado por un bibliotecario romano para que más tarde, ya en
mitad del siglo primero después de Cristo, Andrónico de Rodas lanzase la
primera edición de las obras completas de Aristóteles y Teofrasto, que es el
texto griego que hoy conocemos.
Los
mismos textos, ¿el mismo Aristóteles...?
Se dice, sin
embargo, que durante los años en que los originales estuvieron escondidos,
circulaban ya otros escritos de Aristóteles, o atribuidos a él, que tenían un
carácter más popular. Por otra parte, había unas 146 obras, publicadas por
Diógenes Laercio, lo que hace sospechar que en la antigüedad ya se leían las
obras o escritos de Aristóteles.
Claro, lo que no
hay que sospechar (o al menos, no tanto), es que el Aristóteles que conocemos
hoy en día, es el Aristóteles verdadero; tal vez incompleto, y despojado de
muchas cosas; pero, al fin y al cabo, el Aristóteles original.
La obra de
Aristóteles
La obra de
Aristóteles es extensa. Conocido como el filósofo estagirita (por haber nacido
en Estagira), y creador de la filosofía peripatética (porque todo lo exponía y
enseñaba, mientras paseaba y caminaba), el gran Aristóteles fue un pensador de
todos los tiempos.
Creador del
método inductivo, la lógica formal, y el método científico, Aristóteles fue
considerado el filósofo oficial de la Iglesia cristiana de la Edad Media. Un
hombre que proyectó toda su obra, en una forma más bien desordenada. Esto, tal
vez, a que eran tantas las ideas que le venían a su mente, que no tenía tiempo
suficiente como para acomodarlas en un orden netamente riguroso.
Platón se había
basado y fundado en las ideas, Aristóteles en los hechos. Esto lo llevó a
querer saber lo que se pudiera aprender y conocer en su época. Un hombre de
extraordinaria inteligencia, una verdadera enciclopedia del saber antiguo. Un
hombre, filósofo y pensador de quien nos han llegado tan sólo algunas de sus
obras.
Aristóteles:
sus principales libros
Aristóteles es
una de las inteligencias más grandes que ha producido la humanidad. Hombre de
grandes estudios en cuyas obras expone sus puntos de vista, con un carácter muy
singular y un sentido muy profundo. Obras cuyo "cuerpo aristotélico"
como así se le conoce, consta de siete partes principales y que pudieran
resumirse en: 1. Lógica (que habla sobre las categorías, la
interpretación, el silogismo y los tópicos); 2. Cosmos (donde escribe
sobre la naturaleza, el cielo, la generación, la corrupción y la meteorología);
3. Metafísica (que habla sobre la física, la metafísica y los cuerpos);
4. Biología (en donde explica la ciencia del alma, los animales, la
memoria, el recuerdo, el sueño y la vigilia); 5. Ética (sobre los
valores); 6. Política (en que aborda la política, el buen gobierno y la
constitución de Atenas); y, 7. Arte (que toca el tema de la retórica y
la poética).
Para Aristóteles
“todas las ciencias y todas las artes tienen por bien un fin; y, el primero de
los bienes debe ser el fin supremo de la más alta de todas las ciencias; y esta
ciencia es la política”. Pensamiento expresado en su obra cumbre: La Política.
Un libro donde explica, así mismo, que “el bien, en política, es la justicia”,
algo olvidado ya no sólo por las autoridades o gobierno, sino por nosotros
mismos.
Luego, en el
capítulo que habla sobre "La División de los Gobiernos", Aristóteles
expone importantes y valiosas ideas como cuando dice: "Siendo cosas
idénticas el gobierno y la constitución, y siendo el gobierno el señor supremo
de la ciudad, es entonces absolutamente preciso que el señor sea, o un solo
individuo, o una minoría, o la multitud de los ciudadanos. Cuando el dueño
único, o la minoría, o la mayoría, gobiernan consultando el interés general, la
constitución es pura necesariamente; cuando gobiernan en su propio interés, sea
el de la minoría, sea el de la multitud, la constitución se desvía del camino
trazado por su fin".
Más adelante, en
una de las páginas más fuertes e interesantes de su obra La Política,
Aristóteles señala: "No basta imaginar un gobierno perfecto; se necesita,
sobre todo, un gobierno practicable". Para Aristóteles existen tres clases
de gobierno y/o constituciones: el reinado, la aristocracia y la democracia.
Todas ellas con sus respectivas desviaciones que son: la tiranía, donde sólo
tiene por fin el interés personal del monarca; la oligarquía, donde sólo cuenta
el interés de los ricos; y, la demagogia, donde lo único que cuenta es el
interés de los pobres.
Luego, según
Aristóteles, si a nadie (o, cuando menos, a algunos cuantos no se les gusta lo
que pasa o sucede, en el gobierno, se puede optar por tres caminos o grados de
revolución: una reemplazando la constitución; dos, quitando o reemplazando a
los gobernantes; y, tres, quitando o reformando parta de la constitución. El
pueblo, que es libre, elegirá.
Otras de sus
ideas
Entre otras de
sus ideas, Aristóteles nos hace llegar lecciones de democracia, en las cuales
establece que para que ésta exista es preciso que:
1. La
asamblea general debe ser soberana,
2. Todos
los ciudadanos deben ser electores y sujetos a elegibilidad
3. Todos
los cargos deben proveerse por suerte,
4. No
debe exigirse ninguna condición de riqueza; y, si la hay, moderarla,
5. Nadie
debe ejercer dos veces el mismo cargo,
6. Los
empleos o los puestos deben ser de corta duración,
7. Todos
los ciudadanos deben ser jueces,
8. Todos
los cargos o empleos deben ser retribuidos, y,
9. Tener
nacimiento humilde, pobreza y oficio.
Otras obras
Aristóteles
profundizó en casi todos los campos. Sus enseñanzas fueron reunidas en muchos
volúmenes que representan casi toda una enciclopedia hecha por un solo hombre.
No se limitó exclusivamente a la ciencia, sino que además abordó temas de
ética, filosofía, psicología, crítica literaria, política y actividades de
pensamiento.
En total, los
volúmenes que se le atribuyen a Aristóteles suman unos 400, de los cuales
aproximadamente sólo unos 50 han llegado hasta nosotros. Sus mejores escritos
fueron los relacionados a la biología (recordemos que el papá de Aristóteles
había sido médico). Estudió la vida marina, la de los peces, particularmente la
de los delfines. También la de las aves y la de los insectos, como la de las
avispas.
Aristóteles,
todo un gran personaje
En otros campos,
nuestro personaje se interesó por la astronomía, la psicología, la poética y la
retórica. En el Organón se resumen sus principales obras del pensamiento
y de la lógica. Aquí, por primera vez, plantea el problema del método:
Aristóteles extraía de las observaciones algunas premisas y de ellas sacaba
deducciones.
Luego, en otra de sus obras, nos
habla, nos escribe y nos explica algo más acerca del alma, de la memoria y de
los sueños. En verdad, todo un verdadero tratadista de todos los tiempos. Una
persona que durante toda la Edad Media fue el oráculo de los filósofos y los
teólogos escolásticos. Aquel que se le cita como la personificación del
espíritu filosófico y creador del método científico. Aristóteles, aquel que nos
dio su obra, su vida y su pensamiento. Aquel que hizo grande su nombre y nos
hizo grandes: ¡Aristóteles!
Artículo aparecido en el
periódico “El Porvenir” de Monterrey, México, el 20 de febrero de 1989.











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