Científico
y viajero, observador y matemático, físico excelente que nos diera grandes
conocimientos y nos hiciera llegar a nuestros días estupendos inventos. Creador
de la electrodinámica, inventor del electroimán y el telégrafo electromagnético.
Genio que contribuyó al desarrollo de las Matemáticas, la Química, la Física y
la Filosofía: Andrés María Ampére.
Empezando de
nuevo
No es algo que
acostumbro. Es más, hasta la fecha, nunca lo he hecho; sin embargo, creo que es
conveniente mirar un poco hacia atrás y volver a empezar de nuevo para tocar de
paso algunos temas olvidados en el baúl de la memoria. Serán unos tres o cuatro
personajes, a lo mucho que han pasado, subrepticiamente, sin que hagan alto en
estas páginas de nuestro periódico. Temas importantes que hemos olvidado,
personajes a los que hoy damos paso y espacio como nuestros especiales
invitados.
Científicos,
artistas, escritores y filósofos
La humanidad
está llena de grandes hombres, que independientemente de sus ideologías o
creencias han transformado y siguen transformando, ya sea para bien o para mal,
el curso del mundo mismo. Ha habido grandes estadistas, ha habido grandes
literatos; ha habido estupendos pintores, como ha habido excelentes músicos y
escritores. También han existido grandes filósofos, como a su vez han existido
increíbles genios de la inventiva. Uno de ellos ha sido Andrés María Ampère.
¿Quién fue
Ampère?
Mucho se ha
hablado o escrito sobre los inventos, poco se ha escrito sobre los inventores.
¿Quiénes fueron ellos...?, ¿Cómo lograron esto...?, ¿Cómo llegaron hasta
esto...? Son cosas que nadie explica, aunque muchos sí se lo pregunten. Las
universidades, encaminadas más hacia la búsqueda de lo material, lo económico,
la ganancia jugosa y la política "rascuache" (diga lo que diga el
viento), han olvidado lo más esencial de todo: La búsqueda de la verdad...
Se dice que todo
lo que se conocía, en la época antigua, en cuanto a las dos ramas más
importantes de la física (la electricidad y el magnetismo), se reducía
solamente a dos hechos: la atracción del hierro por la llamada piedra imán, y
la de los cuerpos ligeros por el ámbar frotado. Muy poco, en realidad, se había
avanzado. La brújula era el único gran invento; pero, a partir de esa fecha, allá
por el siglo XI o XII de nuestra era, nada nuevo había sucedido o se había
inventado.
Es de alabarse
el genio y tenacidad de muchos hombres y muchas mujeres, que poniendo todo su
esfuerzo, su inteligencia y corazón han llegado a descubrimiento de algo; han
llegado a la creación de nuevos métodos, nuevos procedimientos; han llegado a
la invención de nuevas cosas que ayuden a los humanos a vivir en un mundo
mejor.
Ampère fue uno
de estos genios. Él, con su talento y entrega, con su paciencia y perseverancia,
logró descubrir nuevos campos, inferir nuevas leyes, descubrir nuevas cosas,
inventar nuevos quehaceres. Logró, por ponerlo en pocas líneas, descubrir la
fuerza de la electrodinámica, inventar el electroimán y facilitar la
transmisión de mensajes a través del telégrafo electromagnético.
Andrés María
Ampère
Andrés María
Ampère nació en una familia como cualquier otra. No pertenecía a ninguna clase
privilegiada, como tampoco a ninguna clase de tipo marginada. Nació muy cerca
de Lyón, Francia, el 22 de enero de 1775. Allí viviría, en una pequeña finca,
llamada Poleymieux-les-Monts-d'Ors, lugar cercano a la propia ciudad leonesa.
La historia muy
pronto reconocería a Ampère como uno de los hombres más inteligentes de todos
los tiempos. Su padre era un hombre instruido y estimado por todos cuantos le
rodeaban. Se llamaba Jean Jacques Ampère. Su madre, por otra parte, era Jeann
Antoinette Sarcey, y también era muy estimada por la gente de la localidad, no
solamente por la dulzura de su carácter, sino además por las obras y actos de
beneficencia que frecuentemente realizaba.
Los primeros
años de niño
Se sabe que poco
tiempo después de nacer Ampère, sus padres dejaron el comercio para trasladarse
a la pequeña finca antes mencionada y de la que eran dueños. Polmieux era un
pueblo bastante chico, sin las exigencias ni enseñanzas de ningún profesor. No
obstante, y a pesar de todo esto, muy pronto surgirían en el niño esas altas
facultades intelectuales que iría desarrollando a lo largo de su vida.
Los primeros
detalles
Una de las
primeras facultades desarrolladas por Ampère fue la del cálculo. Le gustaba
contar, le gustaba calcular. No le gustaba "ser calculador" (en otro
sentido, o en otra connotación). No se medía por nada del mundo, y siempre
trataba de sacar adelante sus proyectos. Un niño inquieto, que tal vez no
gustara mucho del juego con los demás, sino el juego consigo mismo y de la
observación con el mundo que le rodeaba.
Y así como esos
niños (que algunos consideran distraídos), que agarran y juegan con
corcholatas, piedritas, frijoles, maíces o habichuelas, Ampère hacía esto
último: Juntaba pequeños guijarros o habichuelas en su intento de contar las
cosas. Era algo que a él le fascinaba. Tal vez no fuese un gran matemático,
pero daba ya sus primeros pasos para conseguirlo.
De este modo, y
antes de conocer ya bien las cifras, Ampère coloca sus piedras a las que pinta
de colores diferentes, las dispone en cierto orden y logra establecer cálculos
precisos como todo un gran matemático. Piedras y guijarros que coloca en
hileras, en diversas combinaciones y que le dan un sentido curioso, diferente y
lleno de toda concepción lógica.
Ampère: su niñez y su forma de ser
Ampère tuvo una
infancia afortunada. Sus padres le querían. Habiendo nacido en el seno de una
familia encantadora, normal, sencilla y refinada, la niñez del pequeño Andrés
fue impregnada de momentos alegres, felices y encantadores. En un principio,
según parece, fue un niño débil. No le interesaban mucho los deportes o los
ejercicios al aire libre. Prefería sus propios pensamientos.
Claro, tampoco
era un niño retraído. Se dice, incluso, le gustaban las bromas, siempre que no
le fueran hechas a él. Tenía su propio espíritu de alegría, tal vez no igual a
la de sus compañeros, pero sí lo suficientemente comunicativo como para no
desconectarse del mundo. No era de los que les gustase andar rompiendo vidrios,
subiéndose a los techos de las casas, desgarrándose la ropa o mojándose los
pies. Era un poco más serio que los demás, pero siempre centrado y consciente
de lo que era y lo que hacía.
La vida de
los genios
Siempre es
interesante saber que fue lo que llevo a "X" o "Y" persona
a descubrir algo, a crear algo, a inventar algo. El ver esa imagen en el
preciso momento del salto de la chispa es algo que a todos nos debiera
interesar. Ver esos hombres de fama universal, sus impresiones interiores, su
pensamiento, sus deseos internos es algo que ha atraído a muchos pensadores,
escritores y amantes de la vida y la conducta humana.
Los intereses
de Ampère
Andrés fue
siempre un niño preocupado por los cálculos matemáticos. No dejaba escapar
oportunidad alguna como para ponerse a contar todo lo que veía o pasaba por su
mente. Se distraía practicando al contar su caja de piedrecillas, hasta que un
buen día cayó en cama y ya no pudo hacerlo.
Entonces ideó
otro método: cortaba en pequeños pedazos el pastel que su madre le daba y
seguía sus cálculos, anteriormente suspendidos. Lo anterior, una muestra de la
sagacidad e interés de Ampère por seguir el estudio de las matemáticas, algo
muy distinto a lo de cualquier niño de su misma edad, ya sea de esa época, o
bien, a lo de los de hoy en día.
Es así como el
joven Ampère pronto devora y asimila todos los libros que le llegan a sus manos.
Le gusta la historia, los viajes, la poesía. Lee a los romanos, se interesa por
la filosofía y centra su atención en todo lo nuevo, raro, intrigante y
diferente. Trata de leer todos los libros. Se desvive por el conocimiento.
En sus lecturas
prefiere a Homero y a Voltaire. Su principal objetivo: leer toda una
enciclopedia de veinte gruesos volúmenes a fin de saber más sobre todo lo que
ahí hubiera estado escrito y fuese de su interés. Así, uno a uno, pasando del
primero al segundo, del segundo al tercero, volviendo nuevamente a aquel
volumen que no hubiera quedado definido, y continuando el orden aritmético
anteriormente establecido, Ampère daba cabida a sus más caros deseos: aprender.
El joven
Andrés María
El joven Ampère
se desvive por los libros. Siendo un muchacho de tan solo 14 años pareciese
como si fuese difícil que un joven de esta edad se interesase más por los
libros que por los juegos. Pero así era Ampère, un muchacho de extraordinaria
inteligencia que pasaba gran parte de su tiempo en la biblioteca de su pueblo.
Pero llegó el
día en que esta biblioteca ya no era suficiente para él. Entonces buscó nuevos
libros. De ahí que su padre le condujese, de vez en cuando, y siempre que
podía, a Lyón, donde el joven estudiante se dedicaba a leer y consultar los
libros más raros que encontrara.
Luego, una vez,
siendo él aún un niño, cruzó su solicitud a un bibliotecario. Quería leer
ciertas obras. El bibliotecario se le quedó viendo y le dijo: "¿Lo has
pensado bien, amiguito...? ¡Estas obras están escritas en latín!" Ampère
no lo dudó, quiso leerlas, aunque con ello batallase. Para él no existía
obstáculo alguno; y, si estaban en latín, ¡aprendería esa lengua!
El estudio de
las lenguas
Ampère se dedica
ahora al estudio y origen de las lenguas. Quiere entender a grandes filósofos.
Para esto tiene que leerlos en su propio idioma. Lee a Leibnitz, lee a
Descartes. Se introduce al análisis del espíritu humano, la clasificación de
las ideas. Desea tener todo un muy bien constituido marco de referencia.
Ampère no intuía
una lengua universal que uniera todos los países, como algunos filósofos
pregonaban. Sí, creía, que pudiera haber algo, pero tampoco creía en lo
utópico. Debía pensarlo más. Sus pensamientos seguían envueltos en las hojas de
la ciencia. Seguía fascinado al seguir descubriendo nuevas cosas. Tenía
ilusiones y habría de cumplirlas.
La muerte de
su padre
Su padre había
sido un gran apoyo para él, pero pronto moriría. La revolución había llegado.
Las tropas republicanas toman Lyón, la ciudad es devastada. Sus habitantes son
tratados con despotismo e inusitada desconsideración. Su padre, que había sido
juez de paz, aparte de ser aristócrata, es condenado al patíbulo.
El mismo día que
sube al cadalso escribe una póstuma carta a su esposa donde le dice con una
sensibilidad y simplicidad expresa que no hablara nada a su hija Josefina
acerca del infortunio de su padre. Le pide a su esposa que trate en todo
momento y haga hasta lo imposible para que su hija siga ignorando lo de su muerte.
Luego, en cuanto a su hijo, le pide que le haga saber el que prosiga sus
aspiraciones, aunque ya no esté cerca de él.
El golpe es
demasiado duro para Ampère. El chico tiene apenas dieciocho años. Es derrotado.
Sus facultades mentales, afectivas e intelectuales le hacen caer en el
derrotismo. Pasan días, semanas y meses. Ampère se ve cada día peor. Su estado
de ánimo sigue igual. Ya no cambia. Tratan de alentarlo, pero todo es
imposible.
Pasa un año. No
es sino hasta que lee unos escritos de Rousseau, que hablaban sobre botánica,
en que Ampère vuelve nuevamente a la vida. Algo había pasado en el alma del
científico. Alguien a quien tal vez le Hubiera afectado la lectura de un
volumen que había abierto al azar. Un libro que contenían unos versos de las
"Odas de Horacio".
Le gusta la
poesía. Lee a Homero, Virgilio y otros poetas latinos. Su espíritu se revela.
Ampère vuelve a ser el de antes. Quiere luchar, quiere aprender. Se vuelca en
la ciencia, se enreda en otros temas. Gusta ahora de tópicos matemáticos,
físicos y filosóficos. Ampère está decidido a hacer algo por la civilización.
Sus
observaciones
Ampère habita
una modesta casa en Lyón. Tiene su jardín, su habitación y sus pensamientos. Le
gusta la naturaleza, se complace estudiando la manera en que nacen y se
propagan las ondas etéreas, las diversas formas que toman la vibración de las
cuerdas. Ampère era observador y trataba de ir hasta el fondo del asunto.
A un lado de
todo esto, Ampère conoce el amor. Se trata de Julia Carron, una bella muchacha
a la que conociera cortando flores. No se casaron, pero la tomó como compañera.
El no tenía pensado en casarse, pero necesitaba una compañera. Ella se le
acerca, se le mete en su cama y su corazón.
Trabajos y
estudios
La situación de
Ampère era precaria. Tenía que trabajar y no sólo esto, sino además, sacar un
buen dinero, el eterno problema... Tiene entonces que empezar a dar clases
particulares de matemáticas para sufragar los gastos y dispendios a que le
obligaba su nueva condición.
Diariamente, al
ponerse el sol, un grupo de jóvenes acudía a su casa a recibir lecciones. Estas
consistían, la mayoría de las veces, en lecturas en voz alta. Lecturas
sistematizadas que le servirían grandemente para agarrar método y ocupar, más
tarde, altos puestos y cargos de elevada responsabilidad.
Su vida personal
seguía su propia tónica. Julia, bella y buena, se convirtió en digna compañera
de su vida. Eran felices. Ella sentía una gran admiración por el inventor; él,
a su vez, sentía un gran amor por su mujer. Pero cinco años más tarde Julia
Carrón muere.
Era 1908, justo
cuando Ampère había sido nombrado profesor del Liceo de Lyón, luego de lo cual
siguen para nuestro personaje meses dolorosos. Si bien su mujer le había dado
un hijo, lo cierto es que aún no se podía desprender del recuerdo de esta bella
mujer que le alegró siempre su vida. Sin embargo, el trabajo tenía que seguir,
y éste fue su gran consuelo.
Se dedica a su
trabajo. Años después, siendo joven todavía, encuentra otra mujer, culta,
graciosa y exquisitamente educada. Mas sin embargo, este espacio no puede
llenar el vacío y hueco dejado por su primer mujer quien había constituido para
Ampère el único amor de su vida.
Inventos y
descubrimientos
Ampère empieza a
estudiar los fenómenos relacionados a la corriente electromagnética. Se
interesa por los descubrimientos de Volta (el de la pila). Observa de cerca los
efectos de la corriente eléctrica sobre una aguja imantada. Empieza a ver la
relación que existe entre los fenómenos eléctricos y los magnéticos.
Ampère estudia y
formula leyes sobre esta acción. Poco después demuestra que el magnetismo y la
electricidad son manifestaciones distintas de una misma causa. Continúa sus
trabajos, demuestra nuevas teorías. Escribe y establece leyes sobre el
magnetismo y la corriente eléctrica.
Su nombre queda
escrito para la posteridad. De ahí que se le llame "amperes" o
"amperios" a las medidas o unidades de electricidad o corriente
eléctrica. (Algo así como los "volteos", nombre tomado, a su vez, de
otro científico: Alejandro Volta"). Estos "amperes" o
"amperios" se refieren a la cantidad de electricidad que atraviesa un
conductor en un determinado período de tiempo.
Vienen después
otros trabajos. Estos de carácter netamente matemático. Se dedica al cálculo,
al estudio de probabilidades, de la estadística, de ecuaciones, de derivadas e
integrales, cosas que me sería difícil explicarlas, pues poco les entiendo.
Ampère, al contrario, era un genio para esto, tan es así que ya se le conocía entonces
como el "Newton de la electricidad".
Y continúa su
vida
Ampère abandona
su puesto de profesor de matemáticas para ocupar el cargo de física en la
Escuela Politécnica de París. Empieza a utilizar máquinas eléctricas,
telescopios y otros objetos e instrumentos para sus ensayos. Sigue trabajando
en sus teorías, continúa aprendiendo de sus experimentos.
El tiempo que
reside en París quebranta su frágil salud. Un amigo suyo, el Director de la
Escuela Veterinaria de Lyón, se da cuenta que Ampère ya no es el mismo. Ampère
se acaba, Ampère se extingue. Su cuerpo y su salud ya no dan para más. Sin
embargo, su ánimo y deseo de conocimiento siguen siendo los mismos.
No pierde
interés en nada, no pierde oportunidad alguna para recorrer el mundo y hacerlo
suyo. Viaja por todos rumbos: de Norte a Sur, de Este a Oeste; no quiere dejar
nada sin conocer. Llega a Marsella, la ciudad de sus amores, la ciudad que
tanto quiso y tanto amó. Marsella, la ciudad donde comenzara sus estudios sobre
la recepción de la telegrafía sin hilos.
Ampère se
encuentra ya muy enfermo, su cuerpo no resiste más. Su alma es reconfortada con
las palabras de un sacerdote con quien lee e intercambia pensamientos de un
libro titulado la "Imitación de Cristo", libro que, según él, sabía
de memoria. Reflexiones, ideas y sentimientos tomados del corazón.
Su muerte
Era el 10 de
junio de 1836. Ampère moría a los sesenta años de edad. Ese mismo día el
telégrafo de Marsella comunicaba tristemente la noticia a París. El instrumento
ideado por este gran hombre dejaba de ser utilizado para la transmisión de
mensajes oficiales. Esta vez comunicaba algo más trascendental: la muerte de un
gran genio de la inventiva: Andrés María Ampère.
Artículo aparecido en el periódico "El Porvenir" de Moterrey, México, el 13 de febrero de 1989.














