domingo, 26 de julio de 2015

Gustavo Adolfo Bécquer




Poeta y escritor de versos. Personaje enamorado de la vida. Autor de mil rimas donde éste
canta al amor y a las cosas sencillas de la vida. Gloria de la literatura que muestra y deja
ver en su obra una gran pasión por el amor: Gustavo Adolfo Bécquer.

Personajes de la literatura


Hasta ahora, hemos hablado (escrito) sobre algunos personajes que han transformado la historia. Hemos reseñado acerca de la vida de Alejandro Magno, Aristóteles y Bach, entre otros. Todos ellos con un estilo peculiar y diferente, cada quien en su estilo y su contexto, y cada uno de ellos aportando lo mejor de sí.

Hoy escogemos un tema algo distinto, pero igual de interesante. Nos avocaremos a conocer la vida de uno de los poetas españoles de más relevancia en la historia de la literatura universal. Un personaje y un poeta que nos ha dado a través de sus obras el cálido afecto de aquél que alguna vez ha estado enamorado.

Gustavo Adolfo Bécquer




Gustavo Adolfo Bécquer nació en Sevilla, la capital de la Giralda, en España, un 17 de febrero de 1836. Y si bien, Gustavo Adolfo era todo un sevillano, los Bécquer eran oriundos de Flandes, habiendo llegado a España en el siglo XVII. De este modo, de su cruce con la gente de España, salieron los Bécquer de Sevilla, los Bécquer sevillanos...  Su nombre completo era Gustavo Adolfo Domínguez Bastida. Tenía un hermano pintor, llamado Valeriano, quien al igual que Gustavo, a pesar de tener estos apellidos, ambos adoptaron el nombre de sus antepasados nórdicos. Esto tal vez, por considerar éste apellido algo más elegante que el otro. Así lo hicieron y luego, al cabo del tiempo, todos los conocerían como los Bécquer, y no como los Domínguez Bastida...

La niñez

Huérfano a muy temprana edad, cuando aún no cumplía los 10 años, Bécquer fue a parar, junto con su hermano, a casa de la Sra. Monchay, quien era su tía y madrina. Ahí empezó su educación y allí comenzaron los primeros "toques" de poeta.  Su tía quería hacerlo "hombre de mar". De ahí, que luego de las primeras letras lo pusiese en la Escuela Náutica de San Telmo. Claro, al joven Bécquer no le interesaba mucho esto; pues encontraba más apasionante dedicarse a las musas y al amor, que el avocarse al estudio de la brújula, el sextante y el recuadro.  Y lo que son las cosas y lo que es la suerte. El cierre abrupto de dicho colegio le permitió seguir por el rumbo que él quería. Ya no tendría, como los marineros, hacerse a la mar, sino navegar tierra adentro. Como diría alguien: "Ya no tendría que sufrir el mareo del océano; sino, ahora, el mareo del amor..."

Sus primeros ensayos y poemas

Bécquer vivía un mundo de fantasía artística. Desde temprana edad le gustó componer. Todo lo sublimaba, todo lo hacía grande y todo lo hacía bello. En él, no había engaños o desengaños; y, si existían, éstos tenían su explicación y su salida a través de hermosos versos. Muy chico, a la edad de doce años, compuso una Oda a la muerte de Alberto Lista. En su adolescencia se hizo más poético. Llenose de cánticos y alabanzas a ninfas y musas que pasaban por sus sueños, destacando en ellos la tenue inmortalidad de la belleza.

Una vida apasionada

Quien vive de prisa, vive apasionadamente. Y Bécquer estaba destinado a vivir de prisa y con pasión. Un muchacho que a la edad de dieciocho años vivía entre fantasías, amoríos y recuerdos, y romances sevillanos. Un joven cuyos versos cuentan mucho acerca de su persona. Versos y poemas en los que dice como un adiós a aquello que no puede hacer suyo, y que sin embargo, siente cierta nostalgia por ello.

Versos y poemas en que canta a sus amadas, a sus amoríos y desventuras. Poemas como Elvira u Oda a la señorita Lenona. Un poeta dominado por un sentimiento especial, que siente, que intuye y que vibra. Un escritor de versos que vive ensimismado en nostalgias y recuerdos, que clama por aquello que se va o amenaza irse, y que siente, que el quedarse solo, es como morir.

Pesimismo vs. Optimismo

Y si bien a Bécquer se le ve a veces como un pesimista, lo cierto es que Gustavo Adolfo también fue un apasionado que disfrutaba la vida a todo lo que daba. Le gustaba saborearla, vivirla plenamente, disfrutar de lo sencillo y alegrarse con aquello que veía. Un hombre que le gustaba sentir las cosas y hacerlas suyas.

Bécquer era, por decirlo así, todo un bohemio. Un día, en vísperas de marcharse a Madrid, trabajaba con unos amigos (Campillo y Julio Nombela) en un poema tripartito: La Conquista de Sevilla. Pretendían hacerse ricos (o al menos eso querían) cuando lo pudiesen vender en Madrid a un editor. Calculaban que, una vez cubiertos los gastos de viaje, alojamiento, comida y "varios", les sobrarían unos sesenta mil reales. Entonces Campillo preguntó: "¿Y qué haremos con este dinero?", a lo que Bécquer contestó: "¡Pues, para obras de caridad!".

Según estos tres andaluces sus poemas harían milagros. Creían traer consigo la famosa "Lámpara de Aladino". En realidad no les fue muy bien, que digamos. Menos mal que tenía ahí muy buenos familiares: una excelente madrina y un envidiable tío, que era poco más que bueno. Ambos ayudaron al poeta y éste lo supo agradecer.

Bécquer llega a Madrid

Fueron los familiares quienes envían a Gustavo Adolfo a Madrid. Llega él, haciendo su entrada allá por el año de 1854. Era otoño. Bécquer llega con un pequeño baúl, algo de ropa, un cuaderno de dibujo, (pues aparte de poeta, Bécquer gustaba, como su hermano, de la pintura), una libreta repleta de poemas y sesenta pesetas como capital.  Todo esto era lo que Bécquer traía consigo al saltar de la diligencia y tocar suelo madrileño. Un joven que no tenía ni la menor ni la más remota idea de lo que le esperaba. Un joven con alma de poeta que muy pronto haría temblar los labios y latir los corazones de las muchachas enamoradas de esa época.

La vida de Bécquer
 
Pero no todo le llegó de la noche a la mañana a Gustavo Adolfo. Bécquer tuvo que soportar las miserias y humillaciones que todo un provinciano sin dinero. Sufre. Había puertas, pero estas no estaban abiertas para todo mundo. Habría pues que esperar. Habría pues que contentarse viviendo entre cuartos llenos de telarañas donde iba tejiendo sus sueños de poeta.  A esto, un amigo suyo, Julio Nombela, comenta: "Las necesidades físicas ni le apremiaban ni le molestaban. Su fantasía llenaba de paisajes magníficos los más míseros albergues. No se daba cuenta del tiempo ni del medio ambiente en que vegetaba. Siempre dispuesto a trabajar, había que buscarle trabajo porque él no sabía buscarlo".  Así era Bécquer. Un hombre que a los diecinueve años se le ofreciera un trabajo, en el que no duraría por mucho tiempo. Satisfacción pasajera que le hiciera pensar y encaminarse luego por otros rumbos. Prefirió, entonces, acompañar a su hermano por los venturosos caminos de Toledo, Soria y Ávila. Esto les daría, a ambos hermanos, temas importantes para sus cuadros, dibujos y artículos periodísticos.

Después, Bécquer intentó acogerse a cualquier tipo de trabajo. Su alma errante, su espíritu aventurero y su alma de poeta. Así era él; pero, tenía que trabajar. Y así fue como consiguió, otra vez, de manera fortuita, y gracias a unos amigos, un pequeño trabajo por el que le pagarían tres mil reales al año.  Y no duró aquí mucho tiempo. Su oficio era el de un simple burócrata, en la Dirección de Bienes Nacionales. Su trabajo consistía en llenar engorrosas y tediosas formas burocráticas, esas que nadie sabe a dónde van a parar y que solo sirven para crear cucarachos. Así, cansado de todo esto, Bécquer se la pasaba haciendo dibujos.  Luego, un día, sentado en su escritorio, rodeado de sus compañeros de oficina, Bécquer, mostrando uno de sus dibujos, decía: "Este es Hamlet... Esta es Ofelia... Y, este es....". No acababa de decir el último "es", cuando una voz a sus espaldas (su jefe), le completaba la frase: "Y este es un empleado que sobra en las oficinas y ¡queda despedido...!". Gustavo Adolfo ni se inmutó. Se volvió hacia su jefe, le agradeció su cesantía, sonrió y se marchó.

Tiempo después

Tiempo después, el poeta tuvo que hallar nuevamente trabajo donde fuese. Un escritor que tenía sus propios sueños; o, como se diría, actualmente, tenía sus propias "ondas". Vivía como abstraído, envuelto en sus pensamientos y su mundo mágico de gran poeta. Pero tenía que sobrevivir, y para esto tenía que trabajar. Encontró, pues, trabajo en "El Porvenir" (un pequeño periódico español, de aquellos tiempos). Pasa un buen rato y, por fin, a los veintiún años, logra cierta notoriedad escribiendo en "La Crónica", haciendo críticas de arte.

Toledo y nuevamente Madrid

Bécquer se desplaza a Toledo. Ahí se documenta para escribir sus críticas de arte. La ciudad le fascina y permanece en ella por espacio de casi un año. Y es Toledo, con todo ese romanticismo y sabor medieval que le hace inspirarse más. Bécquer busca en el pasado remembranzas poéticas. Trata de encontrar, en ese pasado misterioso, ese espíritu enigmático de una raza formada por muchas sangres, y que le habla con orgullo de su Alcázar, de su Catedral, del Greco y del Tajo.

El tiempo pasa. Doce meses apenas por cumplir y Gustavo Adolfo vuelve a Madrid. El poeta mejora su suerte. Una casa editora (Gaspar y Roig) le encarga unas traducciones. Luego, por recomendaciones, un gobernante nombra a Bécquer censor de novelas. Posteriormente, en una tertulia del conocido y llamado Café Suizo, halló Gustavo Adolfo a varios amigos. Uno de ellos le obsequió un hermoso álbum de 500 páginas en las que escribiría, tiempo después, sus famosas Rimas.

 Política

La política, como en todos los tiempos, era ese mal que zumba como ruido y piquete de zancudo y avispa por todos lados y todas direcciones. Tiempos algo convulsos donde en las pláticas de café, en los corrillos de amigos y en las redacciones de los diarios lo único que se escuchaba era la palabra "política" y "gobierno". Así pues, Bécquer "entra" a la política (más bien por convencionalismo o conveniencia, que por convicción), y empieza a escribir interesantes artículos polémicos en El Contemporáneo.

Matrimonio
 



Mientras tanto, por un camino distinto, aunque tal vez no muy diferente, Bécquer, sintiéndose con la fuerza y el valor suficiente como para casarse, decide como todo buen hijo de vecino, contraer nupcias. Y así lo hace. La realidad, pensaba él, se sentía capaz: tenía dinero, contaba con tres trabajos y tres sueldos: el de traductor, el de periodista y el de censor.

Y se casa. Lleva al altar a Casta Esteban Navarro, una damisela que conociera en Veruela, en 1861, cuando fuera a visitar y conocer un famoso monasterio que se encuentra en esa localidad. Bécquer iba con la "excusa" de la arqueología; ella, no se sabe que le haría al poeta para que este se interesase en su persona. Una niña, que se cuenta, tenía un carácter vulgar y un temperamento cambiante e iracundo.

No duraron mucho tiempo. Al poco rato ya "andaban de las greñas". Ella se enfadaba por cualquier cosa. El, simplemente escribiendo versos. Una pareja que jamás se pudo entender, aunque hay que indicar que de este matrimonio surgieron tres hijos, que aliviaron, hasta cierto punto, la enemistad o resentimiento entre ellos. Alguien escribió que "su experiencia doméstica le probó, como a todos los grandes soñadores, que los gastos de la casa no se cubren con suspiros y que, entre los trastos de la cocina y el humo del fogón, se destiñe el halo poético de las más altas elegidas, llámense Beatriz, Laura o Elvira".

Su poesía

Bécquer cantaba a través de su poesía. Poemas, escritos y cantos que se dejan ver y entretejer al hacer lectura de sus bellos versos plasmados en sus "Rimas". Versos en los que él se pregunta y pregunta a su amada "¿qué es poesía...?, sin que ella le responda.
 
"¿Qué es poesía?", me dices mientras clavas
                                     en mi pupila tu pupila azul.
                                     "¿Qué es poesía?... ¿Y tú me lo preguntas?
                                     Poesía eres
 
Se sabe que la mayor parte de sus Rimas se las inspiró Julia Espín, una musa fría y calculadora de la cual Bécquer se enamoró. Sin embargo, y para desgracia del poeta, dicha musa prefirió a otro hombre, un tal señor Quiroga, un hombre rico y con dinero, y que con el paso del tiempo llegaría a ser ministro. Aquí, otra vez nuestro ilustre personaje se ve abatido por la desolación y la cruel realidad de ese amor perdido. Se siente envenenado, se siente desdichado:

Una mujer me ha envenenado el alma;

otra mujer me ha envenenado el cuerpo;

                                         ninguna de las dos vino a buscarme;
                                         yo de ninguna de las dos me quejo.

                                         Como el mundo es redondo,

                                         el mundo rueda. Si mañana rodando,
                                         este veneno envenena a su vez,
                                         ¿por qué acusarme?
                                         ¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?

                                            
Las Hojas Secas

Una vez, estando con su editor, éste se le acercó y le preguntó al poeta: "A propósito, Gustavo: ¿Tiene usted de casualidad algunas cuartillas para el almanaque que voy a publicar? Solo puedo pagarle sesenta reales". "Hecho" -contestó Bécquer- "Exactamente la suma que necesito para pagar una deuda". Y se puso a escribir. Hablaba sobre las hojas secas arrastradas por el viento, como si en ellas se sintiera identificado. Pero, luego habla sobre "la gloria", esa que a veces nunca se alcanza, y si se llega a ella, ésta fácilmente se escapa como el humo o como el viento.

 

  Errante por el fui gritando:
                                                     La gloria, ¿dónde está?
                                                           Y una voz misteriosa contestome:
                                                           Más allá…, más allá…
                                                           En pos de ella seguía por el camino
                                                           que la voz me marcó.
                                                          Halléla al fin, pero en aquél instante
                                                          en humo se trocó.
                                                          Mas el humo formando denso velo.
                                                          se empezó a remontar
                                                          y penetrando en la azulada esfera,
                                                         al cielo fue a parar.
         
Todo un poeta

 

Bécquer era todo un poeta. De ahí sus conocidos versos:

 

             Los suspiros son aire y van al aire.
                                                    Las lágrimas son agua y van al mar.
                                                    Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
                                                    ¿sabes tú a donde va?
                                    
........................................................

Por último, dos de sus rimas más conocidas. Primeramente la de las golondrinas, y finalmente la del camino:
 
Volverán las oscuras golondrinas
                                               en tus labios sus nidos a colgar
                                               y otro vez con el ala a sus cristales
                                               jugando llamarán;
                                               pero aquellas que el vuelo refrenaban,
                                               tu hermosura y mi dicha al contemplar,
                                               aquellas que aprendieron nuestros nombres;
                                              esas... no volverán.
                                                   …………….
                                                   … Yo voy por un camino, ella por otro,
                                                   pero al pensar en  nuestro mutuo amor,
        yo digo aún: “¿Por qué callé aquel día?”,
        y ella dirá: “¿Por qué no lloré yo?”

La despedida de Gustavo

Gustavo se despide de sus amigos del Café Suizo una tarde del 14 de diciembre. Hacía frío. Un frío endemoniado que pudo más que el calor y la pasión de este joven poeta. El se iría a su casa, ubicada en el número 23 de la calle de Claudio Coello. De ahí no saldría jamás. Su frágil salud, el frío y sus pulmones acabaron con él. Aún no cumplía los 35 años.

Hoy nos queda solo el recuerdo de un gran poeta y un gran autor. Un personaje que nos diera a través de sus versos la cálida ternura de un amor que siempre llevamos en nuestro corazón. Un amor que podemos hallar en muchas partes, siempre que miremos a través de unos ojos limpios de todo un gran poeta como lo fue: Gustavo Adolfo Bécquer.

 

Artículo aparecido en el periódico “El Porvenir” de Monterrey, México, el 6 de marzo de 1989.

 

 

 

 

Las Hojas Secas

 

Una vez, estando con su editor, éste se le acercó y le preguntó al poeta: "A propósito, Gustavo: ¿Tiene usted de casualidad algunas cuartillas para el almanaque que voy a publicar? Solo puedo pagarle sesenta reales". "Hecho" -contestó Bécquer- "Exactamente la suma que necesito para pagar una deuda". Y se puso a escribir. Hablaba sobre las hojas secas arrastradas por el viento, como si en ellas se sintiera identificado. Pero, luego habla sobre "la gloria", esa que a veces nunca se alcanza, y si se llega a ella, ésta fácilmente se escapa como el humo o como el viento.

 

Errante por el fui gritando:

                                                 La gloria, ¿dónde está?

                                                 Y una voz misteriosa contestome:

                                                 Más allá…, más allá…

                                                 En pos de ella seguía por el camino

                                                 que la voz me marcó.

                                                 Halléla al fin, pero en aquél instante

                                                 en humo se trocó.

                                                 Mas el humo formando denso velo.

                                                 se empezó a remontar

                                                 y penetrando en la azulada esfera,

                                                 al cielo fue a parar.

  

 

Todo un poeta

 

Bécquer era todo un poeta. De ahí sus conocidos versos:

 

Los suspiros son aire y van al aire.

                                          Las lágrimas son agua y van al mar.

                                          Dime, mujer, cuando el amor se olvida,

                                          ¿sabes tú a donde va?

                                     

 

........................................................

Por último, dos de sus rimas más conocidas. Primeramente la de las golondrinas, y finalmente la del camino:

 

Volverán las oscuras golondrinas
en tus labios sus nidos a colgar
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquellas que el vuelo refrenaban,
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres;
esas... ­no volverán!
..................
...Yo voy por un camino, ella por otro,
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?",
y ella dirá: "¿Por qué no lloré yo?"

 

 

La despedida de Gustavo

Gustavo se despide de sus amigos del Café Suizo una tarde del 14 de diciembre. Hacía frío. Un frío endemoniado que pudo más que el calor y la pasión de este joven poeta. El se iría a su casa, ubicada en el número 23 de la calle de Claudio Coello. De ahí no saldría jamás. Su frágil salud, el frío y sus pulmones acabaron con él. Aún no cumplía los 35 años.

Hoy nos queda solo el recuerdo de un gran poeta y un gran autor. Un personaje que nos diera a través de sus versos la cálida ternura de un amor que siempre llevamos en nuestro corazón. Un amor que podemos hallar en muchas partes, siempre que miremos a través de unos ojos limpios de todo un gran poeta como lo fue: Gustavo Adolfo Bécquer.

 

 

Artículo aparecido en el periódico “El Porvenir” de Monterrey, México, el 6 de marzo de 1989.

 

 

 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Juan Sebastián Bach


Grande entre los músicos, grande en su sentimiento de grande en su corazón. Importante personaje entre los clásicos de la música, autor de innumerables obras que hoy nos llegan a través de hermosas notas. Compositor de primera línea a quien se le considera el padre de la música moderna: Juan Sebastián Bach.

Una vez más los clásicos

Cuando hablo de los clásicos, me refiero a todos esos grandes hombres que con su pasado, sus obras y sus leyendas hicieron grande la historia. Sucesos, hechos y acontecimientos que nos han permitido ser lo que somos, para en un momento remontar nuestro destino; o bien, para hacer de nosotros gente que niega o desconoce su pasado y se aferra a un simple vivir.

La música y los músicos

La música es la medicina del alma, y el alma es aquello que llevamos dentro y hace forjar y nacer grandes músicos. Músicos de talento, músicos con espíritu, compositores que dan su vida a través de su obra. Y claro, son muchos los compositores que pudiéramos citar entre los clásicos; pero es obvio, que pocos son los que pudiéramos incluir entre los mejores de la música.

Juan Sebastián Bach

Johan Sebastián Bach (Juan Sebastián Bach), nació en un muy bonito y pequeño pueblo de Alemania, Eisenach, el 21 de marzo de 1685; es decir, hace ya casi 304 años (poco más 3 siglos). Fue el hijo más chico de Johan Ambrosius Bach y Elizabeth Bach, quienes educaron a su hijo como a cualquier niño de pueblo.

La familia descendía de músicos, por lo que seguramente ya Bach traía esto en la sangre. Incluso toda esta rama, era una prominente familia que por espacio de dos siglos habían dado a su región excelentes organistas y cantantes: Ministros de capilla, ejecutantes de órgano, monaguillos, niños cantores, participantes de coro, etc.

Así, se dice que en toda la historia del arte no ha habido una familia tan numerosa ni tan unida como la del los Bach, la que por cerca de 200 años convirtiera un tranquilo rincón del norte de Alemania en un verdadero semillero de músicos y compositores de grandes melodías.

Y así transcurrió la vida del pequeño Bach, quien a la muy temprana edad de 10 años quedara huérfano al morir sus padres. No sabemos mucho, en realidad, de los primeros años en la vida del pequeño Juan Sebastián; pero, lo que sí podemos asegurar es que su padre le había enseñado a tocar violín.

Bach: sus primeros años
 
A la muerte de sus padres, Bach se fue a vivir a casa de su hermano, Johan Christoph (Juan Cristóbal), quien le enseñara a tocar el clavicordio. Y se cuenta que este hermano, Cristóbal, había hecho una colección de piezas para órgano, que con cierto egoísmo de hermano mayor guardaba celosamente bajo llave en un armario con puertas de celosía.

Y como buen "hermanito", el pequeño Juan, se levantaba todas las noches, a hurtadillas, a fin de poder abrir la ansiada puerta y poder copiar todas esas hojas llenas de pautas y anotaciones. Deseaba saber y conocer la música de su hermano y las de otros compositores que también ahí estaban atesoradas y escondidas.
 
Pero, "héte aquí", que Juanito no podía abrir la puerta; y, si la forzaba, su hermano se daría cuenta. Entonces ideó otra forma. Se dio cuenta que a través de las celosías podía meter sus dedos y así sustraer las partituras. A veces tenía problemas, pues éstas se hallaban un poco fuera de su alcance. Entonces se ayudaba de unas pequeñas pinzas que le permitían maniobrar mejor las hojas y al final de cuentas las agarraba, siempre lo lograba.  Y así estuvo Juan Sebastián Bach, por espacio de seis meses, copiando todas las noches, a la luz de la luna, aquellas obras que su hermano le había prohibido mirar. Todo esto trajo funestas consecuencias para Bach, pues el forzar la vista, le traería problemas de ceguera. Ceguera que le vendría mucho tiempo después, ya en su vida adulta.

La adolescencia

Este deseo de estudio, el de saber las obras de los demás, el copiar partituras que a él le gustaban, el poderlas interpretar y hacer sus propias composiciones, caracterizaron toda su carrera. A la edad de 15, su bien timbrada voz de soprano le aseguró una beca en la Iglesia de San Miguel, en Lüneberg.

Ya en ese tiempo, Bach había asistido al Liceo de Ohrdruff, y todos los días festivos iba a pie hasta Hamburgo para escuchar al gran organista holandés Reinken. Bach no perdía oportunidad de acudir a cualquier concierto que se presentase. De este modo fue conociendo a grandes intérpretes y compositores de música, entre quienes se encontraban gentes de otros países como Francia, Bélgica, Polonia, Italia y Hungría.

Loco por la música

Se dice que Bach estaba loco por la música. A veces (se sabe, se dice y se tiene la certeza y el conocimiento), que caminaba hasta 80 kilómetros para ir a ver y escuchar tocar los conciertos de órgano que un afamado músico, Buxtehude, daba en la ciudad de Lübeck. Algo que no creo que se pueda ver en nuestros días.

La vida de Bach

La mayor parte de la vida de Bach estuvo dedicada a la música. Fue maestro de capilla en diversas iglesias, director de conciertos de varios príncipes alemanes, director de musical de varias escuelas y compositor nato. Su atrevimiento como organista le valió algunas y muy variadas y serias reprimendas por parte de sus superiores.
 
A Bach le gustaba "jugar" con el órgano. Se deleitaba jugar con las teclas, sonidos y acordes que salían y se mezclaban en el aire que le hacía respirar y sentir la música. Una vez, le llegó una nota que decía: "Hemos tenido quejas de que usted acompaña los himnos haciendo variaciones sorprendentes y adornos que no vienen al caso, lo cual destruye la melodía y confunde a los fieles".

A los encargados de las iglesias no les gustaba que Bach hiciera tantos cambios o tantos "adornos"; pero él, Bach, se sentía fascinado al poder sentir la música en sus manos. Tal vez Bach no era de convencionalismos, le gustaba ir más allá de la música misma. De ahí que se sepa que el propio Bach hiciera muchos de sus propios instrumentos, los arreglase, los afinase, les hiciese modificaciones y hasta inventase nuevos instrumentos.
 
Se casa y se vuelve a casar

Bach tuvo dos esposas, o, si le gusta de otra forma: se casó dos veces. Su primera esposa se llamaba María Bárbara. Era prima suya y se casó con ella el 17 de octubre de 1707. Una bella mujer y cantante con una excelente y clara voz de soprano. Entre ellos procrearon 7 hijos, cuatro de los cuales murieron después. Ella falleció en 1720.

Su segunda esposa fue otra cantante, Ana Magdalena. Su nombre completo era Anna Magdalene Wülken, con quien contrajera nupcias en 1721. Ella le dio 13 hijos, nueve de ellos varones, solamente dos de los cuales le sobrevivieron. Entre ambas mujeres, tuvo 20 hijos, siete de los cuales vivían aún después de su muerte. Cuatro de ellos llegaron a ser músicos notables; los demás, se dedicaron a otras actividades.

Así, con tantas vocaciones musicales bajo un mismo techo, la casa de Bach se convertía en un verdadero salón de eventos familiares, de música y conciertos. Una familia que hizo nombre y que dejó mucho a la posteridad. Una familia en que todos sabían de música, en que todos sabían de Bach.

Las contribuciones de Bach

Bach no solo sabía tocar instrumentos, sino que de hecho sabía afinarlos, construirlos y hasta inventarlos! Así, entre sus máximas aportaciones está la de haber contribuido a la evolución del teclado, incluyendo por primera vez, en la digitación, el uso de los dedos pulgares.

Se dice que con frecuencia llamaban a Bach para probar un órgano nuevo. Y, cuando esto sucedía, le rodeaba un selecto y respetuoso auditorio que le miraba con suma atención. El, todo vestido de negro, peluca, mirada seria, adusta, quijada recia, nariz prominente... El público, por otra parte, a la espera de la "aprobación" del maestro.

Luego, Bach subía al escenario (en este caso, al coro), se sentaba, abría las manos, las miraba, veía el teclado, y ¡manos a la obra...! Si le gustaba el instrumento, regalaba a sus oyentes con alguna de sus obras; si no, pues nada... Así era Bach, o al menos, eso es lo que se dice en los libros.

Otras cosas sobre Bach

Bach tenía sus cualidades. Era un excelente compositor. De hecho, cuando probaba un órgano, y sabía que éste era bueno, no solo deleitaba a los oyentes con ricas melodías, sino que se daba el lujo de componer algunas "fugas". Las "fugas" son esas intrincadas formas de expresión musical que él llevó hasta su máxima expresión.

La fuga gira sobre un tema único repetido en distintos tonos, en donde las voces se van como entretejiendo para resonar luego todas juntas. Una habilidad que solo Bach pudo lograr. Una destreza donde se combinan contrastes musicales y se tejen todos ellos en un "todo" armonioso. Algo que quizá no haya sido igualado por nadie.

Los conocidos de Bach

Bach ya era un hombre de renombre. Su música llegaba a todas partes. Todo el mundo deseaba oírlo. Figuras prominentes lo hicieron no solo compositor exclusivo de su corte, sino que le confirieron títulos honorarios. En 1736 fue nombrado conde honorario del Duque de Wissenfals, y compositor de la corte del Rey de Polonia y Elector de Sajonia.

Bach siguió viviendo en Leipzig (ahora en Alemania del Este), lugar donde viviese por espacio
 decasi 26 años y donde escribiese la mayor parte de su música sacra. En mayo 7 de 1747, Federico el Grande pide escucharlo. Bach gustoso accede, arriba a Potsdam (también en Alemania del Este), y ahí "improvisa" en varios pianos "Silbermann".

La muerte de Bach

Sigue en Potsdam. Compone muy diversas y variadas fugas. Sin embargo, su vista empeora. Casi no ve. En 1749, dos operaciones de la vista, debilitada por copiar tanto sus propios trabajos como los de otros autores, le deja casi completamente al borde de la ceguera. Debilitado así, Bach continúa. Regresa a Leipzig. De pronto, recupera la vista. Esto en junio 10 de 1750. Sin embargo, días después, el 28 de julio de ese mismo año, Bach muere de apoplejía. Antes, ya había dejado muchas obras que había el mismo dictado.

Las obras de Bach

Innumerables son las obras de Bach. Muchas de ellas (o la mayoría de éstas) enfocadas a temas religiosos. Entre sus principales obras se encuentran la Misa en Si Menor, la Pasión Según San Mateo, las diversas "fugas" y "gavotas" que compuso, y el muy conocido "Concierto de Brandenburgo". Obras que tienen sus aciertos, obras que tienen sus cualidades. Composiciones, muchas de ellas elocuentes que nos dejan sentir y escuchar a través de sus notas el temperamento artístico de Bach.

 
Artículo aparecido en el periódico “El Porvenir” de Monterrey, México, el 27 de febrero de 1989.