miércoles, 12 de junio de 2019

Buda



Figura importante de tiempos remotos. Místico hombre que pasara por este mundo en busca del NIRVANA. Conocido como El Sabio, El Iluminado, hoy nos topamos frente a frente con Buda.
 
Difícil es escribir sobre ciertos personajes de los que        uno ha oído mucho hablar, pero que son, hasta cierto punto o de cierto modo, desconocidos totalmente. Desconocidos, al menos, en su manera simple y cotidiana de haber vivido la vida, de haber visto lo que vemos y de haber pasado por este nuestro mundo.

También es difícil tocar ciertos temas porque muchas veces, éstos, son de alguna manera obscuros, nebulosos, como si estuvieran vedados o reservados para ciertos críticos; pero, aquí estamos, pues, hablar o escribir sobre las historia de Cristo, Buda o Mahoma es algo interesante para mí. Uno pudiera aprender bastante y ésta es una de las finalidades. No se trata simplemente de aprender por aprender. Se trata, también de conocer. El conocer nuevas cosas, nuevos hechos nos puede llevar a un mejor entendimiento de la vida, un mejor entendimiento acerca de nuestras perspectivas, de nuestro pasado, nuestro presente y nuestro porvenir.


Buda: oriente y occidente
 
Buda es el alma suprema del Oriente. De ahí que para ellos, los orientales, su verdadera razón de ser la encontramos en el Buda. Un “como dios” para ellos. Un verdadero ser supremo al que todos quisieran acercarse, purificando sus actos, su vida y su existencia.

Aclarando un poco, Buda, al contrario de los dioses occidentales, no tiene una vida muy agitada, que digamos. Su actividad más bien es de tipo moral, o puramente moral. Buda no hizo nada hazañoso, nada sorprendente. Tampoco se guardan, escritos, hechos portentosos, maravillosos o fuera de lo común. Era como si tratara de decir que él ya lo tenía todo en sí mismo, que era dios; y para esto no necesitamos demostrarlo.
 
Buda: su nacimiento

Buda nació allá por el año 563 antes de nuestra Era. (Algunos sitúan su nacimiento en el 543). Hijo de un príncipe de turbulenta, orgullosa y guerrera estirpe de los Sakya, nació, - en una fecha que de una manera un tanto imprecisa puede fijarse entre los años referidos anteriormente - este personaje al que hoy conocemos como Buda.
Origen de la palabra Buda
La palabra Buddha (Buda) significa varias cosas, todas ellas relacionadas entre sí. Buda quiere decir “el sabio”, “el iluminado”, “el despierto”, “el que se da cuenta y está consciente de todo”. En la filosofía y religión oriental de la India, Buda significa “aquel que llega, gracias a la anulación de todo deseo, al perfecto despertar, el que llega a ese estado de perfecta iluminación, donde se libera por siempre y para siempre del penoso ciclo del renacimiento”.
 
Buda: su nacimiento

 
 
Buda, cuyo nombre de familia (digamos, apellido) fue Sidarta o Gautama, nació en el seno de la aristocrática familia y estirpe de los Sakyas (o Sakias). Buda nace en Kipalvatthú (en sánscrito, Kapilvastu), en el sector meridional del actual Nepal. Hijo del príncipe Suddohona de la mencionada estirpe de los Gautama, y de la princesa Maya o Mayadevi, el pequeño Buda nace en el plenilunio del mes de vaisakha (correspondiente a nuestros meses de entre abril y mayo, más o menos entre los días que corresponden al signo zodiacal de Tauro).

 
Un hecho singular a relatar es el siguiente: Como ya dije, la mamá de Buda fue la princesa Maya, quien, según los textos concibiera y diera a luz sin dolor alguno. Estos textos dicen (más o menos), al pie de la letra, lo siguiente “Así que cuando el futuro Buda bajó del seno de la madre, la princesa, durante su gravidez, no experimentó dolor alguno. Los nueve meses que pasaría en contacto con Buda ella se sentiría feliz y sin molestias”.
 
¿Un solo Buda?

Hay muchos datos interesantes acerca de la vida de buda. Hay textos que relatan que él no fue el único Buda, sino que además, hubo tres antecesores. Sin embargo, para aquel que quiera confirmar estos hechos bien pudiera realizar un viaje por la India y llegar de paso a Nepal.
Luego, a aquellos que quieran verificar el sitio exacto donde Buda nació, les diré que el punto exacto donde ocurrió este hecho está señalado, todavía hoy, por una columna conmemorativa que en ese lugar erigiera más tarde el emperador budista Asika. Un lugar donde usted pudiera conocer un poco más acerca de Buda.
 
Buda el niño: su niñez y su familia
 
Se dice que Buda fue criado entre grandes lujos y comodidades. Sus vestidos eran muy finos y delicados. Continuamente se le protegía del polvo, del viento, del sol y del rocío con agradables y blancas sombrillas. No se sabe, hasta cierto punto (o hasta qué punto) Buda era mimado o no. Lo que sí se sabe es que el pequeño Sidarta, como luego le llamaban, era cuidado con gran esmero.
 
A Buda le gustaba la naturaleza. Le gustaba jugar con las flores y las plantas del jardín, motivo por el cual los criados o sirvientes del palacio le “regañaban” o le hacían saber que no hiciera eso, ya que podría ensuciarse. Era como si el pequeño Buda viviese en un palacio o jaula de cristal.

Pero Buda también quería lo suyo. Quería vivir otro mundo. Y, aunque primeramente, durante la época lluviosa habitase en un suntuoso palacio, donde se distraía oyendo una música invisible rodeado de bellas danzarinas, Buda pronto prefirió otros quehaceres.

Buda: sus primeros años
 
Se cuenta que, recién nacido, el niño es presentado en el templo. Era tradición, era costumbre del clan presentar a los hijos en el templo de Abhaya, una de las divinidades de su estirpe, (Como notará, esto, de "la presentación", es algo muy parecido a lo que pasó en la vida de Jesús, y de lo que sucede, hoy en día, cuando nos van a bautizar). Era la presentación del niño ante un ser supremo.
Se hace la presentación, llegan los padres del pequeño Buda y, el padre según tradición, hace que el sacerdote examine al niño. Deseaba que extrajeran de él presagios acerca de su porvenir. El sacerdote lo toma entre sus brazos, lo ve, lo mira, lo examina y se queda callado.

- “¿Qué es, padre...?” - pregunta el papá del niño. El sacerdote levanta la mirada, sonríe y le dice: “Es... un niño...”. Ambos ríen, los invitados también. Luego, tomando el verdadero aire de seriedad que esto implica el sumo sacerdote le dice al padre de Buda “Regocijaos, señor, el nacimiento de este hijo es para voz y vuestra familia una fortuna porque lleva las 32 señales del gran hombre”.
“Ante él se abren dos caminos que excluyen a todos los otros: si permanece en casa será un señor justo, rey de justicia, señor de la cuatro puntos cardinales, victorioso, poseedor de los siete tesoros; tendrá 1,000 hijos heroicos, victoriosos, vencedores de ejércitos enemigos” - continua explicando el sacerdote. Luego, al final, concluye: “pero si, en cambio, este niño abandona su casa, seducido por la vida errante de los religiosos, entonces se convertirá en Santo”

 
Buda se casa
 
Cuando Buda cumple los 16 años se le da por mujer a su prima Gopa, también llamada Yasodara (al menos que, como es así mismo probable, ambos nombres indiquen 2 mujeres distintas, considerando que en la antigua India regía la poligamia. Pero, no importa cuál de las versiones sea la correcta, con ella, o una de ellas, tuvo un hijo, Rahula, que años después se convertiría en discípulo suyo tomando los hábitos, determinando así la extinción de la descendencia o dinastía de Buda Gautama.
Nuestro personaje continúa en casa. Así vivió hasta los veintinueve años, en que por primera vez siente el terror a la vida; a esa vida llena de bienestar, pero sin nada de paz interior. Entonces opta por salir (no huir). Abandona a su familia y peregrina como mendicante en busca de la cauda del dolor y de la muerte.
Buda: su vida ascética
Buda trata de ver las cosas. Abandona todo. Sin embargo, no hay que ver en la renuncia de todo esto un acto de sacrificio. Buda no tiene (o no tenía) el carácter triste de mártir. Buda era una figura jovial e inteligente. No huye de la felicidad, lo que intente es buscar una felicidad segura, una felicidad permanente.
Muchos de preguntarán cómo fue Buda en su aspecto físico o corpóreo. Según se cuenta y se tiene escrito. Buda fue un hombre joven, guapo, inteligente. Un hombre hermoso, de aspecto arrogante, de cabellera negra azulada. Pelo rizado. Todo esto hace suponer que ejercía un fuerte atractivo en las jóvenes que darían cualquier cosa, comenzando por su cuerpo, para estar al lado de Buda.
Buda, sin embargo, pasaría a lo suyo. Buda buscaría la felicidad permanente. Entra a la vida ascética. Busca liberarse del dolor, y para esto, piensa él, no hay camino más seguro que matar el deseo pasional. Buda lo logra. Tiene caídas, tiene sufrimientos, pero al final vence todos los obstáculos. Es cuando logra, finalmente el estado de Nirvana, el estado de la perfecta armonía, de la perfecta sabiduría.
Buda y su filosofía
 
Para Buda no había otra cosa más que la alegría y el amor. Y si bien algunos consideraban al corazón como fuente de dolor, para Buda el corazón era amor, era alegría. Cuando quería ganar un adepto lo atravesaba con el espíritu del amor.
 
Pero Buda sabía, así mismo que para llegar a la total felicidad habría que alcanzar el Nirvana. Y, para Buda, el Nirvana se consigue por el conocimiento; el nombre se salva en vida por la sabiduría; cuando “descubre” la verdad ya está salvado provisionalmente; pero es necesario hacer un verdadero esfuerzo para lograr esto. Para él, el verdadero Nirvana se completa con la muerte.
 
Literalmente Nirvana quiere decir: “lo apagado”, “lo que no tiene aliento”; en otro sentido, lo que está tranquilo, lo que no tiene movimiento, lo plácido, donde el "no ser" constituye un anhelo supremo y esencial. Una religión donde sus cinco mandamientos (haga una comparación a los nuestros), son: No matarás, no fornicarás, no robarás, y no beberás bebidas embriagantes.

Oriente y occidente

Para el occidente el hombre nace impuro y necesita de sus actos para salvarse; para el budista, el hombre es puro y son sus actos los que pueden perderle. Buda hizo lo suyo y transmitió su filosofía a la humanidad. Algunos le recordarán como Gautama, otros como Sidarta; pero, la mayoría de las veces le reconocerán como el gran: BUDA.

 

Artículo aparecido en el periódico “El Porvenir” de Monterrey, México, el 1 de mayo de 1989.

 

 
 

 

 








jueves, 13 de septiembre de 2018

Sandro Botticelli




La Virgen y el Niño con la corona de espinas y tres clavos. 1477. Temple y óleo sobre tabla. Retablo de madera tallada y punzonada con aplicación de hoja de oro. Museo Soumaya, México

Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, apodado Sandro Botticelli (Florencia, 1 de marzo de 1445[1]​-Florencia, 17 de mayo de 1510), fue un pintor del Quattrocento italiano. Pertenece, a su vez, a la tercera generación cuatrocentista, encabezada por Lorenzo de Médici el Magnífico y Angelo Poliziano. Procuraron la libertad de conducirse humanamente, recogida de la antigüedad clásica.[2]Giorgio Vasari narra, en su Vita de Botticelli, desde su infancia hasta su muerte. Esta obra pertenece a Le vite de' più eccellenti pittori, scultori e architettori. Menos de cien años después, esta etapa, bajo el mecenazgo de Lorenzo de Médici, fue considerada por Giorgio Vasari como una «edad de oro». Esto se debe al esplendor artístico alcanzado en la Florencia de fines del siglo XV.

La reputación póstuma del artista disminuyó notablemente en los siglos siguientes, pero fue recuperada a finales del siglo XIX; desde entonces, su obra se ha considerado exponente máximo de la gracia lineal de la pintura del primer Renacimiento. El nacimiento de Venus y La primavera son, actualmente, dos de las obras maestras florentinas más conocidas. Se expusieron por primera vez en la galería de los Uffizi, Florencia, en 1815.

Juventud


Nació en Florencia, en un barrio de trabajadores en el arrabal de Solferino. A esta misma parroquia de Solferino o Todos los Santos pertenecieron los Vespucci, aliados de los Médicis, y de quienes recibiría encargos.

Fue el menor de los cuatro hijos del matrimonio formado por Mariano di Vanni di Amedeo Filipepi, de oficio curtidor, y su esposa Smeralda. Cuando nació, su hermano mayor Giovanni tenía 25 años, y se cree que lo adoptó y lo educó. Giovanni tenía el apodo de Botticello, sin que se sepa si recibió el apodo por su gordura o por gran bebedor; otras fuentes indican que era su hermano Antonio el que tenía este mote. De él deriva el apodo de Botticelli. En 1458, adquirieron una villa de campo en Careggi, puesto que el negocio de su padre prosperaba. Allí precisamente se instauró la Academia Platónica Florentina. Botticelli recibiría de esta posteriores influencias.


La familia entró en contacto con Giovanni di Paolo, para quien Leon Battista Alberti diseñó el palacio Rucellai, el Santo Sepulcro en la capilla Rucellai y la fachada de la iglesia de Santa María Novella. Debido a la importancia de Alberti, Sandro leyó su tratado De Pictura (1436) detalladamente. En muchos casos, siguió sus recomendaciones.[3]​ No se convirtió en aprendiz hasta alcanzar los catorce años de edad, lo que indicaría que recibió una educación más completa que otros artistas del Renacimiento. Según Vasari, fue primero aprendiz de orfebre con su hermano Antonio[4]​ en 1458. Accediendo a los deseos del niño, el padre lo mandó al taller de Fray Filippo Lippi, en Prato (de 1464 a 1467). De este pintor recibió Botticelli sus mayores influencias: la síntesis entre el nuevo control de formas tridimensionales, la delicadeza expresiva en los rostros y los gestos, los detalles decorativos (herencia del estilo del gótico tardío) y un estilo íntimo. Muchas de las primeras obras de Botticelli se han atribuido a su maestro, y aún hoy la autoría sigue siendo incierta. Curiosamente, años después, Botticelli acabó siendo maestro, y teniendo en su taller al hijo de Filippo, Filippino Lippi.

En menor medida, resultó influido por la monumentalidad de Masaccio. En 1467 Sandro volvió a Florencia, frecuentando el taller de Andrea del Verrocchio, donde trabajó al lado de Leonardo da Vinci. De esta época data toda una serie de Madonnas influidas por Lippi.

Últimos años

Se dice que cayó en la pobreza, y que habría muerto de hambre si no hubiera sido por la diligente ayuda de sus antiguos patrones. Lo cierto es que seguía produciendo obras, si bien en un tono más dramático y con una consciente regresión estilística hacia modelos antiguos, como puede verse en la serie sobre la Vida de san Cenobio y la Natividad mística (1501), consideradas sus últimas obras.

Botticelli creó el tipo florentino de mujer. Pero no se conoce amor concreto de Botticelli, ni alusión a excesos sentimentales; tenía «horror al matrimonio».[5]​ No se casó nunca. Sí parece haber tenido una estrecha relación con Simonetta Vespucci, quien aparece retratada en varias de sus obras y parece que sirvió de inspiración para muchas de las figuras femeninas de los cuadros del artista.

Vasari dice que fue un activo piagnone (‘llorón’; así eran llamados aquellos que se habían entregado en cuerpo y alma al movimiento purificador de Girolamo Savonarola); sin embargo, pese a lo que dice Vasari, pudo permanecer en Florencia y no le fue confiscado ninguno de sus bienes tras la caída del líder religioso.



En 1502 fue anónimamente denunciado de sodomía con uno de sus ayudantes, pero los cargos fueron más tarde desestimados. En 1502-1505 apareció como miembro del comité, con Lorenzo di Credi, que iba a decidir la ubicación del David de Miguel Ángel.

De 1502 es su famoso escrito relativo a la realización de una especie de periódico conocido como beceri, de carácter satírico, destinado en su mayor parte a alegrar la lectura de los nobles de la sociedad renacentista. Tal proyecto, sin embargo, quedó en eso, no siendo nunca llevado a término.

Murió el 17 de mayo de 1510 y fue sepultado en su parroquia, la iglesia de Ognissanti, en Florencia, para la que había realizado en 1480 una de sus grandes obras, el fresco de San Agustín. A su muerte, el único heredero verdadero de su arte fue Filippino Lippi, que comparte con él la inquietud presente en sus últimas obras.


Primeras obras          

Para 1470 Botticelli tendría taller propio. Ya entonces su obra se caracteriza por una concepción de la figura como vista en bajorrelieve, pintada con contornos claros, y minimizando los fuertes contrastes de luz y sombra que indicarían formas plenamente modeladas. Para ese mismo año realizó La Virgen con el Niño y dos ángeles. Es la primera obra de altar que realizó que se conserva. Con esta obra crea una especie de escenario-teatro que muestra el contexto histórico del Renacimiento.


Fue pronto tenido en cuenta por los Médici, de quienes recibió numerosos encargos. Pero su cercanía con la familia es anterior. Fue recomendado a Pedro de Médici, padre de Lorenzo, por Filippo Lippi.[6]​ De esta época data el Retrato de hombre con la medalla de Cosme el Viejo (1474). Realizó en la casa de los Médici muchas obras para Lorenzo de Médici. En los personajes de la Adoración de los Magos (1475), «están retratados Cosme el Viejo, arrodillado ante el Niño, su hijo Pedro de Médici abajo en el centro, Juliano de Médici y Lorenzo de Médici en el grupo de la izquierda, a su lado Poliziano y Pico della Mirandola y, en el extremo derecho, mirando al espectador, lo que se considera un autorretrato de Botticelli», según Vasari en su Vita de Botticelli. Esta obra, que pintó para la iglesia de Santa María Novella, llamó la atención de los Médicis. Comenzó a trabajar para ellos pintando un estandarte para el torneo de Juliano de Médici (1475), ensalzado por Poliziano en sus Stanze. Sus contactos repetidos con esta familia fueron sin duda alguna, útiles para garantizarle protección política y crear las condiciones ideales para la producción de sus numerosas obras maestras.

Recibió en 1470 un importante encargo: La fortaleza. Una de las pinturas sobre Virtudes para la Sala del Tribunal de los Mercaderes, para la serie de las Virtudes ejecutadas por Piero Pollaiuolo. Esto indica que para entonces, con unos 30 años de edad, ya debía haber ejecutado obras destacadas. Ese mismo año recibió el encargo de pintar dos pequeñas obras, Historias de Judit. Esta historia fue una de las más empleadas durante el quattrocento. Giovanni Boccaccio la incluye en su Historia de las mujeres famosas.

En 1472 entró a formar parte de la Compañía de San Lucas, gremio de pintores. En los años siguientes Botticelli se hizo muy famoso, hasta el punto de ser llamado a Pisa para pintar un fresco en su catedral, hoy perdido.

Hacia 1474 realizó el San Sebastián, para decorar una columna de la iglesia florentina de Santa María la Mayor.

Obras de madurez

En 1478 tuvo lugar la conjura de los Pazzi (1478), en la que murió asesinado el hermano de Lorenzo el Magnífico, Juliano de Médici. Sandro pintó al fresco sobre la Puerta de la Aduana los retratos de los conjurados Jacopo, Francesco y Renato de Pazzi y del arzobispo Salviati, ahorcados, fueron borrados en 1494. De esta época datan varios retratos conmemorativos del fallecido Juliano de Médici. Debido a la cercana relación de Lorenzo y Botticelli, este le encargó dos obras de tipo político. Realizó Palas y el Centauro para conmemorar el triunfo de la facción Médici sobre la facción Pazzi. Esta pintura es mencionada por Vasari en su vida de Botticelli. Después de estas pinturas políticas Botticelli pasó a Roma para decorar la capilla Sixtina, entonces recién construida. En 1481, el papa Sixto IV llamó a toda una serie de artistas prominentes florentinos y umbríos, entre ellos a Botticelli, para que pintasen frescos en las paredes de la capilla Sixtina.

sábado, 23 de junio de 2018

Simón Bolívar




Estadista y  militar de gran renombre. Visionario personaje que con su talento, fe y enjundia quiso dar lo mejor para su patria y su país. Valeroso hombre de nuestra raza quien luchó por una América más justa y más unida. Libertador de pueblos, libertador de hermanos de América:  Simón Bolívar.

Uno entre los pocos
 
Dicen que "la verdad no peca, pero incomoda"; pero para mí, más vale hablar con la verdad que el decir cientos de mentiras. Lo cierto es que, a mi modo de ver las cosas, hay muy pocos personajes latinoamericanos que pudiéramos incluir dentro de nuestra lista de "Grandes Personajes". Algunos pudieran decir lo contrario; pero yo, sigo pensando lo anterior.

Habrá, por otra parte, alguno que otro personaje que haya destacado en tal o cual campo; pero casi ninguno como para destacarse a nivel mundial o "universal", si gusta usted emplear este término. Así pues, en esta serie de artículos-reportajes habré de citar (y usted habrá de encontrar) muy pocos personajes latinoamericanos incluidos en ésta mi selecta lista. Habré de mencionar, eso sí, aquellos a quienes juzgo son y han sido importantes para el curso de nuestra historia, el arte y la cultura.

Simón Bolívar: un verdadero y gran personaje

 
Hombre de gran empuje, Bolívar fue un estadista y militar de gran valía. Vencedor de grandes batallas como las de Boyacá, Carabobo, Bomboná y Junín, a Simón Bolívar se le reconoce como el gran libertador de Venezuela, así como de otros países tales como: Perú, Colombia, Ecuador, Panamá, Bolivia. Todo un gran personaje que vio más allá de lo que divisaban los demás.

Hombre de gran talento y con las fuerzas y energías de un gran espíritu que le hacía siempre alcanzar lo que deseaba, Bolívar no se medía ante nada. Habiendo sido el libertador de Venezuela, fue en Perú donde llevó a término la acción iniciada por San Martín, derrotando a las fuerzas españolas que amenazaban la independencia de los peruanos proclamada por éste.

Presidente de Venezuela, más tarde de Colombia, y posteriormente de Perú, Bolívar fue todo un poderoso caballero que luchó por una de las más ambicionadas cosas de este mundo: la libertad. Su influjo sedujo a muchos. La gente se le entregaba, él correspondía. La gente le apoyaba, él les devolvía este valor con más entrega y corazón.

Así, luego de haber tenido a su cargo estas tres presidencias, la de Venezuela, la de Colombia y la de Perú, su influencia política alcanzó un punto muy superior a aquél inherente a los cargos y dignidades que ocupó. Bolívar ya no era presidente, pero su palabra y su pensamiento valía más que la de cualquiera de ellos.

Simón Bolívar
 
Simón Bolívar nació en la preciosa ciudad de Caracas, Venezuela, el 24 de julio de 1783. Hijo de familia acaudalada y muy aristócrata, el pequeño Simón pronto perdería a sus padres. Luego, un tío materno, Carlos Palacios y Blanco, se haría cargo del pequeño Bolívar. Su educación fue muy esmerada. Su tío lo envió a Madrid a perfeccionarse en sus estudios. Quería que se preparara, que estudiara bien, que fuera un hombre útil... Y Bolívar fue a eso. Estudió, se preparó, avanzó por los caminos del conocimiento para poder aplicar estos en beneficio de su patria y sus hermanos.

De complexión delgada, de estatura menos que regular, cara alargada, frente despejada, nariz aguileña, ojos negros y mirada penetrante, Bolívar era aficionado al baile y a la compañía de bellas mujeres. Era, además, un consumado jinete, sobrio en el comer y en el beber, detestaba el tabaco y gustaba de la etiqueta y las finas maneras. Orador fácil, escritor original y de visionaria inteligencia, muy pronto Bolívar llegaría a ser una de las más grandes figuras de la historia.

Los Bolívar

Los Bolívar descendían de Vizcaya, lugar de donde venían otros tantos hidalgos de América. Por otra parte, en Venezuela, desde los primeros tiempos de la conquista, los vascos tenían un sitio de prestigio dentro de la sociedad. La familia de Bolívar estaba entre los privilegiados y esto era un honor y satisfacción para ellos.

Su familia, como comentaba, era rica y acaudalada. Y ni a Simón ni a sus hermanos les faltó nunca nada. Pudiera decirse que tuvieron una infancia llena de fortuna: no les faltaba nada y gozaban de las mejores comodidades de la época. Tenían todo a su disposición, buenos maestros y la consabida manera de ser mimados.

Bolívar: su nombre, sus estudios y su educación

El verdadero nombre de Bolívar fue Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, nombre bastante corto si consideramos que las costumbres de esa época eran que a los niños o a las niñas se les bautizase hasta con cinco o siete nombres. Pero Bolívar adoptó uno solo, y éste fue: Simón, Simón Bolívar.

Bolívar era de progenie europea. No tenía mezcla de tinte alguno. La pureza de su ascendencia blanca no tiene discusión alguna, aunque, él, más tarde luchara por lo que muchos blancos no podían admitir: justicia e igualdad. Pero, el pequeño Simón iba aprendiendo. Muy pronto perdería a sus padres y, cuenta la leyenda, que una esclava negra cuidaría de él, refiriéndole al mismo tiempo importantes hechos de sucesos y conquistadores.

Más tarde, sus maestros habrían de ser los capuchinos Andójar y Negrete, así como otros importantes educadores como Andrés Bello, Guillermo Pelgrón y Simón Rodríguez. Este último, Simón Rodríguez, excelente gramático e insigne literato, habría de influir poderosamente en el ánimo, en la vida y el destino de Simón Bolívar.
 
Simón Rodríguez, su maestro

Simón Rodríguez es quien más fuerza ejerció sobre la educación y la vida de Bolívar. Sus continuas enseñanzas fueron dejando huella en el joven Bolívar, quien a medida que pasaba el tiempo, iba haciendo suyas las enseñanzas de su maestro, una persona algo extravagante en sus ideas y pensamiento.

Su nombre verdadero era Simón Carreño; pero, por causas que desconozco, cambió su apellido por el de Rodríguez. Un pedagogo incansable, que tuvo desde joven sueños de utopía. Anhelos y deseos que pretendía hacerlos realidad, aunque siempre con la barrera del rudo destino. Y Bolívar siguió sus pasos. Ambos estaban sedientos de sed y de verdad.

Recorrieron "medio mundo". Y, aquellos sueños que tuviera el maestro, muy pronto se convertirían en realidad al proporcionar Bolívar a su mentor, los medios para hacerlo. Lo cierto es que el Libertador quería entrañablemente a su maestro y esto siempre lo demostraría.

El joven Bolívar                               
 
Ya desde los 15 años el joven Bolívar incursionaba en el campo de la milicia: era nombrado subteniente. Su padre había sido coronel; y un joven de la talla de Bolívar tenía cualidades para llegar a eso y más. Era preciso entonces completar su educación. Era muy joven y le faltaba mucho camino por andar.

Bolívar era rico. Luego, con esa capacidad intelectual para juzgar, aprender y conocer era preciso viajar y conocer otros mundos. Era preciso ampliar conocimientos. Bolívar tenía parientes en España y en pos de ellos parte rumbo a la Península Ibérica. Saldría de Caracas para desembarcar en Bilbao y de ahí dirigirse a Madrid.

Bolívar en Madrid
 
Bolívar llegó a Madrid, asistiéndose en la casa de su tío Esteban Palacio. Más tarde se trasladaría a la calle de Atocha (muy cerca de la actual Estación de Ferrocarril. Frecuentaba entonces a algunos amigos y compatriotas, entre ellos Luis de Eraso, Esteban Escobar, el Coronel Freites, Mariano Montilia y Manuel Manllo. Este último, se decía, era muy amigo de la Reina María Luisa. También existe el rumor (para mi un simple "chisme", nada absoluto u mucho menos comprobado), de que Bolívar era "amigo íntimo" de la soberana.

La vida en Madrid no le gustó. Y con esto me refiero más bien al ambiente noble ("noblezco", de nobleza) y "novelesco" (de novela), de aquella sociedad. Ambiente de corrupción y decadencia. Ambiente que no iba nada de acuerdo con él, quien con su espíritu soñador volaba más alto que los otros. El ver ese espectáculo, para él tan deprimente, en la corte de Carlos IV y la dictadura que se imponía en su América le hacían arder en deseos de volver a su tierra tan querida y tan ansiosa de libertad e independencia. Bolívar piensa en su regreso, pero antes debería de trasladarse a otro lugar: París.

Bolívar, Napoleón y París
 
Bolívar se dirige a París. Eran los comienzos del año 1802. El genio Napoleón resplandecía en todo su esplendor. A los ojos de Bolívar, Napoleón lo era todo. Era como si fuese la encarnación de la libertad. Bolívar se engañaba. Esto, todo cambiaría después. Bolívar regresa a Madrid, y en marzo de 1802 contrae matrimonio con María Teresa Toro, una guapa joven muchacha proveniente de una acaudalada familia venezolana y sobrina del marqués de Toro. La boda se celebra en la castiza parroquia madrileña de San José, donde aún se conserva su partida y copia del acta de su matrimonio.

El regreso de Bolívar a América

Bolívar regresa a América y un pariente suyo, Juan Félix Jerez Aristeguieta, le instituye un mayorazgo. Habría que fijar residencia, el costo de ésta era 20,000 pesos anuales (veinte mil pesos venezolanos de aquél tiempo, un dineral). Así, con todo, el joven matrimonio se trasladaría a la Hacienda de San Mateo, cercana a Caracas.

La fortuna no estaba con Bolívar. Muy pronto una fiebre maligna mataría a la joven desposada. Diez meses más tarde, María Teresa moriría el 22 de enero de 1803. Bolívar jura nunca más casarse y lo cumple. Pasarían amores por su vida, pero ninguno tan hondo ni tan fuerte como para amarrar los lazos.
 

De vuelta en Europa
 
Viudo a los diecinueve, Bolívar regresa a España. No se detiene mucho en Madrid. Un bando prohibía la estancia de forasteros sin domicilio en la capital. Por ello y por otras cosas Bolívar prosigue su camino y viaje a París. Ahí llega y se hospeda con su amigo Fernando del Toro.

Era mayo de 1804. París ofrecía sus encantos. No solamente era la ciudad alegre de siempre, sino que ésta cobraba más vida a raíz de los triunfos napoleónicos. Bolívar se envuelve en ella, a la vez que impone moda. Ingresa en sociedad, los Parísinos le secundan. Elegante en su vestir muy pronto la gente le imitaría usando sombreros a lo Bolívar.

Surgen luego amores y amoríos. La protagonista se llama Madame Dervieu de Villars. Era el nombre de casada de Fanny Trobriand y Aristeguieta, prima de Bolívar, mujer con la que mantiene relaciones por espacio de diez meses. Posteriormente, la correspondencia de los amantes, principalmente las apasionadas cartas de Fanny Trobriand seguirían durante muchos años.

Napoleón y el pensamiento de Bolívar
 
Napoleón era grande, pero Bolívar tenía su muy particular pensamiento sobre él. Recordemos que Napoleón no siempre fue muy bien visto, que digamos, por otros grandes personajes de le historia. Ya vimos, hace dos semanas, que entre ellos, Beethoven, no tenía un concepto muy elogioso sobre el susodicho emperador.

Bolívar ya no admiraba a Napoleón, antes su héroe. Le había defraudado. Napoleón había caído del pedestal en que lo había puesto. Al respecto, Bolívar escribía: "Yo le adoraba como el héroe de la República, como la brillante estrella de la gloria, el genio de la libertad. En el pasado yo no conocía nada que se le igualase, ni prometía el porvenir producir su semejante. Mas se hizo emperador, y desde aquel día le miré como un tirano hipócrita, oprobio de la libertad y obstáculo del progreso y la civilización".

Bolívar sigue en Europa

Bolívar continúa en Europa. En París conversa ampliamente con intelectuales de la talla de Bonpland y Humboldt. Este último le comenta a Bolívar que el ideal de independencia de América es ya fruto maduro. Y, de estas conversaciones nacieron en Bolívar el pensamiento y firme decisión de emancipar a su país del dominio español.

Más tarde, Bolívar viaja por Alemania. Posteriormente en Viena, Austria, se reencuentra y se une con su maestro Simón Rodríguez. Llenos de alegría, juntos recorren Francia, Suiza e Italia. Tiempo después, en la llanura de Montechiaro, presenciarían un formidable desfile: el del ejército de Napoleón. Y, no obstante y a pesar de sus reservas, la figura del Emperador sigue atrayendo a Simón Bolívar.

El juramento

Maestro y discípulo se dirigen a Roma. Llegan a la Ciudad Eterna. Conversan, platican, intercambian opiniones y se preparan para el plan grande. Así, una noche, estando en el Monte Aventino, en Roma, Simón Rodríguez exige a su discípulo el que jure consagrarse a la libertad de América, y Bolívar, ante la inmensidad de la noche, y teniendo a Roma bajo sus pies, jura por Dios y la independencia de su patria.

La lucha
 
Empiezan las conjuras, comienzan las conspiraciones. Bolívar desea actuar de inmediato, pero tiene que aguardar. La impaciencia le abraza. En 1807 vuelve a Caracas. Y, Miranda, otro general, se le une. Bolívar sabe que puede triunfar, muchos le apoyan. Mientras tanto, otros se dan cuenta. Se le impone un "retiro" a Bolívar y sus familiares. Ninguno de ellos asiste a las jornadas revolucionarias del 19 de abril de 1809.

La Junta de Gobierno, ahí formada, le envía a Londres. De ahí volvería Bolívar con Miranda. Arriban a playas venezolanas. Los revolucionarios discuten y preparan sus fuerzas. La llamada Sociedad Patriótica era uno de los ejes centrales del movimiento. Más tarde, con Bolívar a la cabeza, la Independencia de las Provincias Unidas de Venezuela era conseguida.

Pero viene la desgracia. Un tremendo terremoto sacude a Venezuela. Simplemente, en Caracas, el fenómeno produce más de 10,000 muertes. Bolívar recorre la ciudad para animar a la gente. Nadie puede ya luchar, todo mundo se halla agobiado. Pero el gran Bolívar persiste. Saca fuerzas de flaqueza, y en magas de camisa, desenvainando su espada grita: "Si se opone la naturaleza, lucharemos incluso contra ella y haremos que nos obedezca!".

Bolívar es vencido

Pero Bolívar no puede contra la naturaleza. Hay, además, otros inconvenientes. Miranda no puede resistir y firma la capitulación de San Mateo. Bolívar abandona Venezuela y se refugia en Curaçao, donde fragua nuevos planes. Son días tristes para Bolívar quien, por otra parte no desespera.

Vuelve a la carga Más tarde, Bolívar pasaría a Cartagena, Nueva Granada, donde la gente ya se había levantado. De ahí emprendería un nuevo ataque, el 15 de mayo de 1813. Un ataque con un ejército de 800 hombres con quienes pretendía lograr la liberación de Venezuela, la cual estaba defendida por una guarnición de más de 15,000 hombres.

Los éxitos de Nueva Granada consolidan la fama militar de Bolívar. Es así como toma Mérida y Trujillo donde el 15 de junio declara la guerra a muerte a todo lo que se oponga a la conquista de la libertad de su amada Venezuela. Es así, después de mucho sufrimiento que el 6 de agosto de 1813, entre los gritos frenéticos de los caraqueños, en que Simón Bolívar hace su triunfal entrada a la ciudad de Caracas, quien le otorga el título de Libertador.

Y su entrada a Caracas es grande, es fastuosa. Era arrastrado Bolívar, en un carro de antigua factura, por doce hermosas y bellas jóvenes de nobleza criolla. Ahí, paseando sobre este carro, al estilo de gladiador romano, Bolívar sentía la satisfacción de todo gran hombre: conseguirla libertad para su patria.
 
¡Pero no todo queda así...!
 
Y si bien las costas de Venezuela, y su capital, Caracas, eran partidarias de la Independencia, había otros lugares en que esto no sucedía así. Había un sanguinario capitán, de apellido Boves, quien se oponía a toda independencia. La lucha para él no ha terminado, y si Bolívar aún pudo vencer a Boves en varias batallas como las de San Mateo y Carabobo, lo cierto es que el mismo Boves logró una importante victoria que le abriría el camino hacia Caracas, donde sus tropas destrozaron sin piedad a los partidarios de la revolución.

Bolívar se refugia en Cartagena. De ahí partiría hacia Tunja, sede del gobierno de Nueva Granada. Luego pasaría a cumplir una importante misión: la toma de Bogotá. Meses después se dirige a Jamaica. Ahí, en Kingston, escribiría una visión profética de los pueblos. Aquí le escribiría acerca de muchas cosas, como: examinar y exponer los fines que una revolución americana debe perseguir; las causas de las desgracias de las guerras; el estado de los nuevos gobiernos y los motivos de esperanza; la memoria de sus conquistas; y, hacer un detalle pormenorizado de los planes de gobierno más adecuados para cada uno de los gobiernos de América.

Bolívar, otras batallas

Fueron muchas las batallas que libró Bolívar. Secundaban a éste sus lugartenientes Piar, Mariño, Páez, Sucre y otros. Bolívar y había conquistado la independencia de Colombia, de Ecuador y nuevamente la de Venezuela. Sufre algunas derrotas, pero también importantes victorias. El Libertador no conoce reposo. Nuevas empresas le llaman. Ahora es Ecuador, gracias a Sucre, que logra su libertad el 16 de mayo de 1822.

Bolívar crea la Gran Colombia, conjunto de países integrados por Venezuela, Nueva Granada y la Antigua Audiencia de Quito. Queda la duda si Guayaquil entraba dentro de la Gran Colombia. Bolívar convenía y Guayaquil pasa a formar parte de este nuevo conglomerado. Más tarde, Peró ingresaba a esta nueva lista.

El final

La guerra por la libertad continuaba. Eran los retoques finales. Así, el 9 de diciembre de 1824, los últimos regimientos realistas bajaban, derrotados, las armas en Ayacucho. Bolívar no estaba presente, pero sí su lugarteniente el general Antonio José de Sucre, excelente mariscal, y uno de los más cercanos colaboradores del libertador. La independencia de América se había consumado. Todo era el paroxismo. La gente gritaba hasta el delirio. Pero, la embriaguez del triunfo iría pasando como ráfaga de viento. Habría levantamientos. Santander, en Bogotá; y Páez, en Caracas. Ambos conspiran contra el Libertador.

Bolívar vuelve a su patria. Ve descorazonado que todo se derrumba. El arquitecto y forjador de la tan soñada América libre e independiente ve que su obra apenas se mantiene en pie. Trata de apuntalar el edificio, pero éste empieza a caer. Los causantes: todos aquellos quienes, ávidos de poder y de venganza, riqueza y codicia, consciente o inconscientemente destruyen todo lo que hasta esa fecha se había hecho.

Muerte y desenlace

Venezuela de desgaja de la Gran Colombia. Sucre, el fiel amigo de Bolívar, es vilmente asesinado en Berruecos. Su patria desconoce a Bolívar. El libertador aborda una tremenda y cruel enfermedad. Un español, Don Joaquín de Mier, lo acoge en su finca de San Pedro Alejandrino. Y ahí, debatiéndose en sus pensamientos entre "el hombre tal cual es" y leyendo "El Quijote", que significaba para él "el hombre como debiera serlo", Bolívar muere el 17 de diciembre de 1830.

Una muerte triste, en verdad. La muerte de un gran hombre que quiso dar lo mejor de sí y en gran parte lo logró. Dio libertad a cinco de las actuales Repúblicas sudamericanas. Quiso y dio los pasos por una América más unida. Dio los fundamentos para una mejor democracia. Fue un gran hombre y un gran héroe. Un gran personaje cuyo nombre fue Simón Bolívar.

 

 

 


domingo, 5 de febrero de 2017

Jorge Luís Borger


Literato de fama mundial. Escritor argentino que llevara al mundo sus más  disímbolos poemas. Genial cuentista que nos relata en sus obras algo más que un cuento. Novelista y ensayista que pone su pensamiento y su nostalgia en todos esos libros que llevan su nombre: Jorge Luís Borges.

 
Los literatos
 
Pocas veces, pudiera decirse, que un hombre de origen latino o hispano sea tan conocido por rumbos tan distintos. Entre los más recientes solo pudiera citar a Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Jorge Luis Borges. Los demás, yo no sé dónde estén. En cambio Borges, y los ya citados, estos sí que son conocidos en diversas partes del mundo. Sus obras, son obras que trascienden, han sido traducidas a varios idiomas y, por lo general, tienen un lugar especial en la cultura de otros pueblos.

En cambio, habrá por ahí, algunos otros, como el caso del tan traído y tan llevado Alfonso Reyes, que con todo y sus cien años, no le he oído mencionar en otros medios, lugares y países, como supuestamente se debiera o se trata de dar a entender. Pareciese, a veces, como si personajes acomodaticios con tintes políticos (y más que políticos, pueblerinos), quisieran llenar los espacios designados solo a los grandes hombres y personajes de la historia.

Latinoamericanos, americanos y europeos

Pocos son los que pudiéramos considerar como connotados escritores latinoamericanos de fama universal. En realidad los verdaderos escritores hace mucho tiempo que no aparecen en estas nuestras tierras. Yo, francamente, citaría tan solo unos cuantos, y eso, haciéndoles casi el favor.
 
Luego, si usted me preguntase, de casualidad, por algún regiomontano (¿Alfonso Reyes, tal vez?), yo le diría que se me hace una insensatez hacer tanto homenaje a una persona a la que, en aquél tiempo, se le calificaba como un “escritorcillo”, un “escritorzuelo”; un “creído”, “vanidoso”, muy “pagado de sí mismo” y francamente malo para escribir. Y que, lo único que le salvaba, era su línea sanguínea con Bernardo Reyes. De ahí en fuera, nada.

Por otro lado, escritores latinoamericanos, aunque algunos de ellos no sean de mi total agrado, lo son Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Julio Cortázar (argentino, nacido en Bruselas), u otros de mayor fama universal como Cervantes, Sor Juana Inés de la Cruz y Calderón de la Barca. Los primeros, me consta, he visto sus libros traducidos a otros idiomas como el inglés, el francés y el alemán. A parte, no solamente han sido traducidos, sino que la gente los conoce.

El caso de Cervantes es cosa aparte. No solo he visto su obra traducida al ruso, sino sé que ha sido transcrita a otros idiomas como el chino, el finlandés, el noruego, el árabe, el yiddish y hasta el esperanto. También, por supuesto, la obra del "Quijote" ha sido traducida a idiomas como el catalán y el vasco. De ahí que, para mí, unos sí sean verdaderos escritores, los demás.... ¡puro teatro!

Luego, si hablamos de escritores americanos, ahí pudiéramos sacar a Mark Twain, Edgard Allan Poe, William Faulkner, Hemingway y hasta Ray Bradbury. Europeos, sobra nombrarlos: Shakespeare, Byron, Víctor Hugo, Dostoievsky, Kafka, Oscar Wilde, Wolfang Goethe y muchos otros más. La literatura hebrea, egipcia, china, árabe, rusa y mongólica nos pudieran dar más ejemplos; pero, por el momento, quiero dejarlo así.

Jorger Luís Borges
 
Mucho se dice si la literatura latinoamericana vale la pena; y, en realidad, pudiéramos decir que sí. Cuando menos, por lo que a mí me ha tocado vivir, sé que en países europeos como Francia, Inglaterra y Alemania la literatura mexicana y argentina ha tenido gran auge. No al grado de elevar a “héroes-casi-dioses” a escritores que no valen la pena, pero sí, en gran medida, a muchos de ellos que, independientemente, si se han vuelto comerciales (o los han comercializado), al menos sí destacan en el campo internacional.

Jorge Luis Borges ha sido uno de los escritores latinoamericanos que ha destacado plenamente. Muchos de sus libros no me han gustado, pero sé que su obra es valiosa. Incluso, lo que son las cosas, él sí que gustaba (no sé hasta qué punto) de la prosa de Alfonso Reyes. Pero, así es el mundo y así es la vida. Borges tenía sus ideas y tenía sus favoritos. Con algunos de ellos se enemistaría después, con otros más conservaría y seguiría su amistad.

Jorge Luís, el niño

Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires, la capital Argentina, allá por el año de 1899. Su padre lo fue el doctor Jorge Borges, persona muy conocida en Buenos Aires y quien poseía una hermosa casona con un vasto jardín y una muy bien nutrida biblioteca. Borges, el pequeño, el pequeño Borges, juega en el jardín, y lee, también, casi todos los libros que su padre atesora y guarda en la biblioteca.

El pequeño ríe, el pequeño piensa. Introspecciona y se hace al mundo de las ideas. Luego, más tarde, muchos años después diría: “Han transcurrido más de treinta años, ha sido demolida la casa en que me fueron reveladas
esas ficciones, he recorrido las ciudades de Europa, he olvidado miles de páginas, miles de insustituibles caras humanas, pero suelo pensar que, esencialmente, nunca he salido de esa biblioteca y de ese jardín”.

La vida es un cuento

Y así como para Calderón de la Barca “La vida es un sueño”, la vida, para Borges, era, tal vez, un cuento. Su vida pareciese estar salpicada de relatos medio mágicos, medio fantasiosos, medio imaginativos. Borges no era un hombre muy abierto, alegre o extrovertido que le gustase hablar de sí mismo.

Tampoco era un hombre gesticulativo o de acción cuyos actos, afirmaciones, declaraciones, o poses hayan querido tener como fin el quedar impresas en la mente o memoria de todos. Borges es, ante todo, un pensador, un artista, un gran literato cuyo mundo no fue otro que el quieto silencio de la biblioteca y su despacho.

Buenos Aires y el joven Borges
 
La época en que nació y creció en Buenos Aires fue de suma importancia para la ciudad, para Argentina y para la cultura hispana. El país está en calma, hay estabilidad política, Buenos Aires crece vertiginosamente, hay desarrollo económico... Borges empieza a leer cada vez más: Rubén Darío, Rodó, Herrera y Reissig y Leopoldo Lugones.

Vienen los vientos del noreste. Europa hace su aparición. Así, ante una ola de inmigrantes y obsesionado por la cultura europea, Borges decide partir hacia el "viejo mundo". Joven inquieto, ávido de sensaciones nuevas, deseoso de conocer otros lugares, otra gente y con el ánimo de intercambiar y aprender nuevas ideas, Jorge Luis toma sus cosas y se va.
 
Borges en Europa
 
La prosperidad y estabilidad de Argentina hacen que todo marche perfectamente. Se multiplican las tertulias literarias, los salones, las casas editoriales. Sin embargo, para un joven de buena familia, sigue siendo indispensable el viaje al extranjero. Hay que prepararse, hay que cultivarse.

Es entonces cuando Jorge Luis sale a Europa; pero mientras se prepara este viaje; que ha de ser de estudios (Borges se encontraba estudiando la preparatoria), estalla la guerra mundial. Se impone, pues, prudencia. Borges irá a Suiza, país neutral. Ciudad y destino final: Ginebra.

En Ginebra, el joven argentino entra en contacto con otros estudiantes de su misma edad. Todos ellos de muy diversas nacionalidades. Aprende a cazar libros raros. Acude a los “puestos de viejo” (donde venden esta clase de libros), escudriña las olvidadas bibliotecas municipales y se deleita, además, con el famoso "Fondue", queso y otros exquisitos manjares con los cuales deleitarse el paladar.

Termina la guerra. Su familia llega para reunirse con el joven estudiante, y juntos realizan un extenso viaje recorriendo gran parte de Europa, visitando, entre otros países, Inglaterra, Francia, Suiza, Portugal y España. Su familia regresa, Borges continúa en Europa. Esta vez, en la tierra del Quijote.

Borges en España

En Madrid, Borges permanece algún tiempo. Allí asiste a reuniones de artistas y escritores, va a las tertulias del otrora famoso Café Pombo, e inicia su actividad literaria. El ambiente de escritores del Madrid de aquélla época ofrece un espectáculo variado; desde grupos de escritores académicos, tertulias de dramaturgos, peñas, salones de nuevos escritores y muchas cosas más.

Unamuno hace sentir su influencia. El autor de “Niebla”, influye cada vez más, a pesar de que sólo de vez en cuando se digne dar una vuelta por Madrid. Ortega, por otra parte, sigue influyendo y ganando adeptos. Ramón Valle-Inclán es otro de los más admirados; pero hay otro escritor, más joven que llama mucho la atención. Este es, Ramón Gómez de la Serna.

Viene luego una nueva corriente poética llamada “ultraísmo”. Borges queda profundamente impresionado por esta corriente. En ella existe, entremezclada, el culto a la imagen, al dinamismo, a la expresión inesperada, a la pirueta, el desafío a la autoridad y el buen humor. Borges queda fascinado con esta nueva inspiración, regresando así a Buenos Aires, en 1921, convertido en todo un “ultraísta”.

De nuevo en Buenos Aires
 
Borges regresa a su amado Buenos Aires; época en que el tema del gaucho queda trascendido nostálgicamente, épicamente. Son los años en que la literatura argentina se da cuenta de su gran valor, lo siente, lo percibe, lo respira y lo transpira. Los escritores, al igual que los lectores, están cada vez más conscientes que nunca, de los valores tradicionales, los valores típicos del país; aunque, también, y al mismo tiempo, se dan cuenta de que hay que abrirse a otros mundos, como en este caso hacia las ideas europeas a las que Borges les imprime su propio sello.


Sin embargo, Borges no es un extranjerizante, sino más bien, un estimulador de la tradición modernista. De ahí a que, como mencionara líneas arriba, Jorge Luis no pretendiera hacer un cambio radical, sino imprimir un sello propio muy característico. Sentimiento argentino con ideas modernas. Así otro poeta del mismo estilo, y del que Borges aprendiera mucho, es Leopoldo Lugones. Autor cuyos libros son leídos ávidamente por los jóvenes elegantes que como el propio Borges y sus amigos van a pasearse por las calles bonaerenses, en especial la Calle de Florida, una calle llena de comercios, cafés, tiendas y restaurantes..

Buenos Aires y sus obras

Borges empieza a vivir en Buenos Aires. Su vida se circunscribe al mundo de la literatura. Más tarde, publicaría su primer libro (1923) y que lleva por título Fervor de Buenos Aires. Aquí dejaría parte de su alma, parte de su yo interno que esta vez lo hacía “externo”:

 
                                            Hacia los cuatro puntos cardinales

                                            se han desplegado como banderas las calles;

                                           ojalá en mis versos enhistos

                                           vuelen esas banderas…

Esto escribía Borges quien en sus poemas llenos de inspiración y de ternura escribe sobre su ciudad. Esa ciudad a la que tanto quiere y que pareciese nuevamente descubierta:
 

  Las calles de Buenos Aires

  ya son la entraña de mi alma

                                            No las calles enérgicas

                                            molestadas de prisas y ajetreos,

                                             sino la dulce calle de arrabal

                                             enternecida de árboles y ocaso

                                              y aquellas más afuera

                                             ajenas de piadosos arbolados

                                                  donde austeras casitas apenas se aventuran                    

                                            hostilizadas por inmortales distancias

                                             a entrometerse en la honda visión

                                            hecha de gran llanura y mayor cielo.


Borges, su estilo y sus obras

 
Como se ve, la obra de Borges tiene un sello muy especial. Pareciese como si las imágenes se dispararan cual ráfaga de viento. Imágenes y ritmos muy personales, cadencia propia, rima no concreta; cosas que irritaría a algunos críticos tradicionalistas, pero que hiciera ganar, en cambio, las simpatías de muchos jóvenes de su generación.

Más tarde Borges confesaría la no conexión de ideas, imágenes y rimas. Temas distantes, temas lejanos, como esa de las casas y calles que se pierden en la distancia. Rima que no concuerda, pero idea, pensamiento y sentimiento que se entiende. Obra en la que muestra una audacia expresiva lograda casi sin esfuerzo.

Borges y sus libros

Durante los doce años que siguen a la publicación de su primer libro de versos, Borges se dedica exclusivamente a la poesía. También lo hace al ensayo. Funda, con otros jóvenes de su generación, varias revistas, entre ellas, Prisma y Proa. Luego, en 1925, publica Luna de Enfrente, y, en 1929, Cuaderno San Martín.

Borges no era como otros escritores dados al “vedetismo” y la “fantochada”, los que se vanaglorian de sí mismos y los que necesitan del aire del prestigio. No era un hombre al que le gustasen las entrevistas, pero tampoco era brusco con los que se le acercaban. Él vivía lo suyo y nada más.

Borges era un poeta refinado y de gran talento. Un hombre modesto que no cree (como otros lo hacen) ser un gran genio, ni que su obra tenga especial importancia; pero que, poco a poco, va siendo empujado hacia el centro de la literatura argentina por el entusiasmo de sus lectores.

Borges: lo mejor

La década de 1930 a 1940 fue sumamente importante para Borges. De ahí su “Luna de enfrente”, en donde deja ver su vida de poeta:

 
                                                    He atravesado el mar.     

                                                     He practicado muchas tierras; he visto una mujer

                                                     y dos o tres hombres.

                                                     He querido a una niña altiva y blanca

                                                     de una hispánica quietud.

                                                     He visto un arrabal infinito donde se cumple una

                                                     insaciada inmortalidad de ponientes.

                                                     He mirado unos campos donde la carne viva de una guitarra

                                                     Fue dolorosa.

Y así continúa la obra de Borges, quien en uno de sus versos dice: “He paladeado muchas palabras”, palabras que le harían famoso. Palabras de un hombre que muy pronto estaría a las puertas de la muerte, a causa de una enfermedad larga y peligrosa, una septicemia. El literato toca la puerta, pero nadie responde. Borges vuelve a la vida. El argentino da la sensación de que no volverá a escribir, pero muy pronto lo estaría haciendo, incluso, con mayor fuerza e ímpetu que nunca.

Borges vuelve a escribir

Borges multiplica sus esfuerzos. Escribe ensayos, cuentos, poemas, artículos, editoriales. Interviene en el cine argentino, diversifica más su espíritu creativo. Cree que ha llegado la hora de intervenir en la vida pública y en la cultura general del país.

Enfermedades y muerte

Pero Borges cae enfermo. Grueso y corpulento, una afección del oído, le hacer perder el sentido del equilibrio. Aún así, encuentra tiempo para escribir. Siguen las desgracias, y poco a poco, va perdiendo el sentido de la vista. Renuncia a casarse, e incluso, a enamorarse. No faltarán, claro está, alguna que otra mujer que se enamore platónicamente del maestro.

El argentino continúa así, entre polémico y agradable, entre comprendido e incomprendido. Posteriormente, durante la etapa peronista, Borges se retira a la vida privada procurando tomar parte en el mínimo de eventos posibles, en el menor número de actos públicos. Pero, sigue trabajando y, en 1938, junto con su amigo Bioy Casares traduce y publica La Metamorfosis, de Kafka.

Obras, cuentos y ensayo
 
Acerca de sus ensayos, los principales fueron Inquisiciones, en 1925; El tamaño de mi esperanza, en 1926; el Idioma de los argentinos, en 1928; Discusión, en 1932; Las Kennigar, 1933; y, la Historia de la Eternidad, en 1936. Entre sus más leídos libros de cuentos están: Historia universal de la infamia, (1935), El jardín de senderos que se bifurcan (1941), Ficciones (1935-1944), El Aleph (1949) y La muerte y la brújula (1951). Así mismo, dentro de sus cuentos que han llamado más la atención están: Las ruinas circulares, Tlon, Ukbar, Orbis Tertius, La Muerte y la Brújula.

En 1945, la Sociedad Argentina de Escritores le entrega a Borges el Gran Premio de Honor por su libro Ficciones. Habría numerosos premios más, el Premio Miguel de Cervantes, en 1986, aunque estos últimos serían los dos principales que recibiera, antes de su muerte, en el año de 1986.

Vida, ideas y pensamientos
 
Grande es la obra de este hombre. No una persona con delirios de grandeza, sino una persona grande por sí mismo. Una persona de fino sentido humano y de profundos valores psicológicos que continuamente se pregunta y pareciese como vivir entre sueños. Alguien que habla sobre la vida y su destino, como cuando escribe:

“Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones y consuelos secretos” y, donde más adelante añade: “Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro”.

“El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges”.

  

Artículo aparecido en el periódico “El Porvenir” de Monterrey, México, el 24 de abril de 1989.