Estadista y militar de gran renombre. Visionario personaje que con su talento, fe y enjundia quiso dar lo mejor para su patria y su país. Valeroso hombre de nuestra raza quien luchó por una América más justa y más unida. Libertador de pueblos, libertador de hermanos de América: Simón Bolívar.
Uno entre los pocos
Dicen que "la verdad no peca, pero incomoda"; pero
para mí, más vale hablar con la verdad que el decir cientos de mentiras. Lo
cierto es que, a mi modo de ver las cosas, hay muy pocos personajes
latinoamericanos que pudiéramos incluir dentro de nuestra lista de
"Grandes Personajes". Algunos pudieran decir lo contrario; pero yo,
sigo pensando lo anterior.
Habrá, por otra parte, alguno que otro personaje que haya
destacado en tal o cual campo; pero casi ninguno como para destacarse a nivel
mundial o "universal", si gusta usted emplear este término. Así pues,
en esta serie de artículos-reportajes habré de citar (y usted habrá de
encontrar) muy pocos personajes latinoamericanos incluidos en ésta mi selecta
lista. Habré de mencionar, eso sí, aquellos a quienes juzgo son y han sido
importantes para el curso de nuestra historia, el arte y la cultura.
Simón Bolívar: un verdadero y gran personaje
Hombre de gran empuje, Bolívar fue un estadista y militar de
gran valía. Vencedor de grandes batallas como las de Boyacá, Carabobo, Bomboná
y Junín, a Simón Bolívar se le reconoce como el gran libertador de Venezuela,
así como de otros países tales como: Perú, Colombia, Ecuador, Panamá, Bolivia.
Todo un gran personaje que vio más allá de lo que divisaban los demás.
Hombre de gran talento y con las fuerzas y energías de un
gran espíritu que le hacía siempre alcanzar lo que deseaba, Bolívar no se medía
ante nada. Habiendo sido el libertador de Venezuela, fue en Perú donde llevó a
término la acción iniciada por San Martín, derrotando a las fuerzas españolas
que amenazaban la independencia de los peruanos proclamada por éste.
Presidente de Venezuela, más tarde de Colombia, y
posteriormente de Perú, Bolívar fue todo un poderoso caballero que luchó por
una de las más ambicionadas cosas de este mundo: la libertad. Su influjo sedujo
a muchos. La gente se le entregaba, él correspondía. La gente le apoyaba, él
les devolvía este valor con más entrega y corazón.
Así, luego de haber tenido a su cargo estas tres
presidencias, la de Venezuela, la de Colombia y la de Perú, su influencia
política alcanzó un punto muy superior a aquél inherente a los cargos y
dignidades que ocupó. Bolívar ya no era presidente, pero su palabra y su
pensamiento valía más que la de cualquiera de ellos.
Simón Bolívar
Simón Bolívar nació en la preciosa ciudad de Caracas,
Venezuela, el 24 de julio de 1783. Hijo de familia acaudalada y muy aristócrata,
el pequeño Simón pronto perdería a sus padres. Luego, un tío materno, Carlos
Palacios y Blanco, se haría cargo del pequeño Bolívar. Su educación fue muy
esmerada. Su tío lo envió a Madrid a perfeccionarse en sus estudios. Quería que
se preparara, que estudiara bien, que fuera un hombre útil... Y Bolívar fue a
eso. Estudió, se preparó, avanzó por los caminos del conocimiento para poder
aplicar estos en beneficio de su patria y sus hermanos.
De complexión delgada, de estatura menos que regular, cara
alargada, frente despejada, nariz aguileña, ojos negros y mirada penetrante,
Bolívar era aficionado al baile y a la compañía de bellas mujeres. Era, además,
un consumado jinete, sobrio en el comer y en el beber, detestaba el tabaco y
gustaba de la etiqueta y las finas maneras. Orador fácil, escritor original y
de visionaria inteligencia, muy pronto Bolívar llegaría a ser una de las más
grandes figuras de la historia.
Los Bolívar
Los Bolívar descendían de Vizcaya, lugar de donde venían
otros tantos hidalgos de América. Por otra parte, en Venezuela, desde los
primeros tiempos de la conquista, los vascos tenían un sitio de prestigio
dentro de la sociedad. La familia de Bolívar estaba entre los privilegiados y
esto era un honor y satisfacción para ellos.
Su familia, como comentaba, era rica y acaudalada. Y ni a
Simón ni a sus hermanos les faltó nunca nada. Pudiera decirse que tuvieron una
infancia llena de fortuna: no les faltaba nada y gozaban de las mejores
comodidades de la época. Tenían todo a su disposición, buenos maestros y la
consabida manera de ser mimados.
Bolívar: su nombre, sus estudios y su educación
El verdadero nombre de Bolívar fue Simón José Antonio de la
Santísima Trinidad, nombre bastante corto si consideramos que las costumbres de
esa época eran que a los niños o a las niñas se les bautizase hasta con cinco o
siete nombres. Pero Bolívar adoptó uno solo, y éste fue: Simón, Simón Bolívar.
Bolívar era de progenie europea. No tenía mezcla de tinte
alguno. La pureza de su ascendencia blanca no tiene discusión alguna, aunque,
él, más tarde luchara por lo que muchos blancos no podían admitir: justicia e
igualdad. Pero, el pequeño Simón iba aprendiendo. Muy pronto perdería a sus
padres y, cuenta la leyenda, que una esclava negra cuidaría de él, refiriéndole
al mismo tiempo importantes hechos de sucesos y conquistadores.
Más tarde, sus maestros habrían de ser los capuchinos
Andójar y Negrete, así como otros importantes educadores como Andrés Bello,
Guillermo Pelgrón y Simón Rodríguez. Este último, Simón Rodríguez, excelente
gramático e insigne literato, habría de influir poderosamente en el ánimo, en
la vida y el destino de Simón Bolívar.
Simón Rodríguez, su maestro
Simón Rodríguez es quien más fuerza ejerció sobre la
educación y la vida de Bolívar. Sus continuas enseñanzas fueron dejando huella
en el joven Bolívar, quien a medida que pasaba el tiempo, iba haciendo suyas
las enseñanzas de su maestro, una persona algo extravagante en sus ideas y
pensamiento.
Su nombre verdadero era Simón Carreño; pero, por causas que
desconozco, cambió su apellido por el de Rodríguez. Un pedagogo incansable, que
tuvo desde joven sueños de utopía. Anhelos y deseos que pretendía hacerlos
realidad, aunque siempre con la barrera del rudo destino. Y Bolívar siguió sus
pasos. Ambos estaban sedientos de sed y de verdad.
Recorrieron "medio mundo". Y, aquellos sueños que
tuviera el maestro, muy pronto se convertirían en realidad al proporcionar
Bolívar a su mentor, los medios para hacerlo. Lo cierto es que el Libertador
quería entrañablemente a su maestro y esto siempre lo demostraría.
El joven Bolívar
Ya desde los 15 años el joven Bolívar incursionaba en el
campo de la milicia: era nombrado subteniente. Su padre había sido coronel; y
un joven de la talla de Bolívar tenía cualidades para llegar a eso y más. Era
preciso entonces completar su educación. Era muy joven y le faltaba mucho
camino por andar.
Bolívar era rico. Luego, con esa capacidad intelectual para
juzgar, aprender y conocer era preciso viajar y conocer otros mundos. Era
preciso ampliar conocimientos. Bolívar tenía parientes en España y en pos de
ellos parte rumbo a la Península Ibérica. Saldría de Caracas para desembarcar
en Bilbao y de ahí dirigirse a Madrid.
Bolívar en Madrid
Bolívar llegó a Madrid, asistiéndose en la casa de su tío
Esteban Palacio. Más tarde se trasladaría a la calle de Atocha (muy cerca de la
actual Estación de Ferrocarril. Frecuentaba entonces a algunos amigos y
compatriotas, entre ellos Luis de
Eraso, Esteban Escobar, el Coronel Freites, Mariano Montilia y Manuel Manllo.
Este último, se decía, era muy amigo de la Reina María Luisa.
También existe el rumor (para mi un simple "chisme", nada absoluto u
mucho menos comprobado), de que Bolívar era "amigo íntimo" de la
soberana.
La vida en Madrid no le gustó. Y con esto me refiero más
bien al ambiente noble ("noblezco", de nobleza) y
"novelesco" (de novela), de aquella sociedad. Ambiente de corrupción
y decadencia. Ambiente que no iba nada de acuerdo con él, quien con su espíritu
soñador volaba más alto que los otros. El ver ese espectáculo, para él tan
deprimente, en la corte de Carlos IV y la dictadura que se imponía en su
América le hacían arder en deseos de volver a su tierra tan querida y tan ansiosa
de libertad e independencia. Bolívar piensa en su regreso, pero antes debería
de trasladarse a otro lugar: París.
Bolívar, Napoleón y París
Bolívar se dirige a París. Eran los comienzos del año 1802.
El genio Napoleón resplandecía en todo su esplendor. A los ojos de Bolívar,
Napoleón lo era todo. Era como si fuese la encarnación de la libertad. Bolívar
se engañaba. Esto, todo cambiaría después. Bolívar regresa a Madrid, y en marzo
de 1802 contrae matrimonio con María Teresa Toro, una guapa joven muchacha
proveniente de una acaudalada familia venezolana y sobrina del marqués de Toro.
La boda se celebra en la castiza parroquia madrileña de San José, donde aún se
conserva su partida y copia del acta de su matrimonio.
El regreso de Bolívar a América
Bolívar regresa a América y un pariente suyo, Juan Félix
Jerez Aristeguieta, le instituye un mayorazgo. Habría que fijar residencia, el
costo de ésta era 20,000 pesos anuales (veinte mil pesos venezolanos de aquél
tiempo, un dineral). Así, con todo, el joven matrimonio se trasladaría a la
Hacienda de San Mateo, cercana a Caracas.
La fortuna no estaba con Bolívar. Muy pronto una fiebre
maligna mataría a la joven desposada. Diez meses más tarde, María Teresa
moriría el 22 de enero de 1803. Bolívar jura nunca más casarse y lo cumple.
Pasarían amores por su vida, pero ninguno tan hondo ni tan fuerte como para
amarrar los lazos.
De vuelta en Europa
Viudo a los diecinueve, Bolívar regresa a España. No se
detiene mucho en Madrid. Un bando prohibía la estancia de forasteros sin
domicilio en la capital. Por ello y por otras cosas Bolívar prosigue su camino
y viaje a París. Ahí llega y se hospeda con su amigo Fernando del Toro.
Era mayo de 1804. París ofrecía sus encantos. No solamente
era la ciudad alegre de siempre, sino que ésta cobraba más vida a raíz de los
triunfos napoleónicos. Bolívar se envuelve en ella, a la vez que impone moda.
Ingresa en sociedad, los Parísinos le secundan. Elegante en su vestir muy
pronto la gente le imitaría usando sombreros a lo Bolívar.
Surgen luego amores y amoríos. La protagonista se llama
Madame Dervieu de Villars. Era el nombre de casada de Fanny Trobriand y
Aristeguieta, prima de Bolívar, mujer con la que mantiene relaciones por
espacio de diez meses. Posteriormente, la correspondencia de los amantes,
principalmente las apasionadas cartas de Fanny Trobriand seguirían durante
muchos años.
Napoleón y el pensamiento de Bolívar
Napoleón era grande, pero Bolívar tenía su muy particular
pensamiento sobre él. Recordemos que Napoleón no siempre fue muy bien visto,
que digamos, por otros grandes personajes de le historia. Ya vimos, hace dos
semanas, que entre ellos, Beethoven, no tenía un concepto muy elogioso sobre el
susodicho emperador.
Bolívar ya no admiraba a Napoleón, antes su héroe. Le había
defraudado. Napoleón había caído del pedestal en que lo había puesto. Al
respecto, Bolívar escribía: "Yo le adoraba como el héroe de la República,
como la brillante estrella de la gloria, el genio de la libertad. En el pasado
yo no conocía nada que se le igualase, ni prometía el porvenir producir su
semejante. Mas se hizo emperador, y desde aquel día le miré como un tirano
hipócrita, oprobio de la libertad y obstáculo del progreso y la
civilización".
Bolívar sigue en Europa
Bolívar continúa en Europa. En París conversa ampliamente
con intelectuales de la talla de Bonpland y Humboldt. Este último le comenta a
Bolívar que el ideal de independencia de América es ya fruto maduro. Y, de
estas conversaciones nacieron en Bolívar el pensamiento y firme decisión de
emancipar a su país del dominio español.
Más tarde, Bolívar viaja por Alemania. Posteriormente en
Viena, Austria, se reencuentra y se une con su maestro Simón Rodríguez. Llenos
de alegría, juntos recorren Francia, Suiza e Italia. Tiempo después, en la
llanura de Montechiaro, presenciarían un formidable desfile: el del ejército de
Napoleón. Y, no obstante y a pesar de sus reservas, la figura del Emperador
sigue atrayendo a Simón Bolívar.
El juramento
Maestro y discípulo se dirigen a Roma. Llegan a la Ciudad
Eterna. Conversan, platican, intercambian opiniones y se preparan para el plan
grande. Así, una noche, estando en el Monte Aventino, en Roma, Simón Rodríguez
exige a su discípulo el que jure consagrarse a la libertad de América, y
Bolívar, ante la inmensidad de la noche, y teniendo a Roma bajo sus pies, jura
por Dios y la independencia de su patria.
La lucha
Empiezan las conjuras, comienzan las conspiraciones. Bolívar
desea actuar de inmediato, pero tiene que aguardar. La impaciencia le abraza.
En 1807 vuelve a Caracas. Y, Miranda, otro general, se le une. Bolívar sabe que
puede triunfar, muchos le apoyan. Mientras tanto, otros se dan cuenta. Se le
impone un "retiro" a Bolívar y sus familiares. Ninguno de ellos
asiste a las jornadas revolucionarias del 19 de abril de 1809.
La Junta de Gobierno, ahí formada, le envía a Londres. De
ahí volvería Bolívar con Miranda. Arriban a playas venezolanas. Los
revolucionarios discuten y preparan sus fuerzas. La llamada Sociedad Patriótica
era uno de los ejes centrales del movimiento. Más tarde, con Bolívar a la
cabeza, la Independencia de las Provincias Unidas de Venezuela era conseguida.
Pero viene la desgracia. Un tremendo terremoto sacude a
Venezuela. Simplemente, en Caracas, el fenómeno produce más de 10,000 muertes.
Bolívar recorre la ciudad para animar a la gente. Nadie puede ya luchar, todo
mundo se halla agobiado. Pero el gran Bolívar persiste. Saca fuerzas de
flaqueza, y en magas de camisa, desenvainando su espada grita: "Si se
opone la naturaleza, lucharemos incluso contra ella y haremos que nos
obedezca!".
Bolívar es vencido
Pero Bolívar no puede contra la naturaleza. Hay, además,
otros inconvenientes. Miranda no puede resistir y firma la capitulación de San
Mateo. Bolívar abandona Venezuela y se refugia en Curaçao, donde fragua nuevos
planes. Son días tristes para Bolívar quien, por otra parte no desespera.
Vuelve a la carga Más tarde, Bolívar pasaría a Cartagena,
Nueva Granada, donde la gente ya se había levantado. De ahí emprendería un
nuevo ataque, el 15 de mayo de 1813. Un ataque con un ejército de 800 hombres
con quienes pretendía lograr la liberación de Venezuela, la cual estaba
defendida por una guarnición de más de 15,000 hombres.
Los éxitos de Nueva Granada consolidan la fama militar de
Bolívar. Es así como toma Mérida y Trujillo donde el 15 de junio declara la
guerra a muerte a todo lo que se oponga a la conquista de la libertad de su
amada Venezuela. Es así, después de mucho sufrimiento que el 6 de agosto de
1813, entre los gritos frenéticos de los caraqueños, en que Simón Bolívar hace
su triunfal entrada a la ciudad de Caracas, quien le otorga el título de
Libertador.
Y su entrada a Caracas es grande, es fastuosa. Era
arrastrado Bolívar, en un carro de antigua factura, por doce hermosas y bellas
jóvenes de nobleza criolla. Ahí, paseando sobre este carro, al estilo de
gladiador romano, Bolívar sentía la satisfacción de todo gran hombre:
conseguirla libertad para su patria.
¡Pero no todo queda así...!
Y si bien las costas de Venezuela, y su capital, Caracas,
eran partidarias de la Independencia, había otros lugares en que esto no
sucedía así. Había un sanguinario capitán, de apellido Boves, quien se oponía a
toda independencia. La lucha para él no ha terminado, y si Bolívar aún pudo
vencer a Boves en varias batallas como las de San Mateo y Carabobo, lo cierto
es que el mismo Boves logró una importante victoria que le abriría el camino
hacia Caracas, donde sus tropas destrozaron sin piedad a los partidarios de la
revolución.
Bolívar se refugia en Cartagena. De ahí partiría hacia
Tunja, sede del gobierno de Nueva Granada. Luego pasaría a cumplir una
importante misión: la toma de Bogotá. Meses después se dirige a Jamaica. Ahí,
en Kingston, escribiría una visión profética de los pueblos. Aquí le escribiría
acerca de muchas cosas, como: examinar y exponer los fines que una revolución
americana debe perseguir; las causas de las desgracias de las guerras; el
estado de los nuevos gobiernos y los motivos de esperanza; la memoria de sus
conquistas; y, hacer un detalle pormenorizado de los planes de gobierno más
adecuados para cada uno de los gobiernos de América.
Bolívar, otras batallas
Fueron muchas las batallas que libró Bolívar. Secundaban a
éste sus lugartenientes Piar, Mariño, Páez, Sucre y otros. Bolívar y había
conquistado la independencia de Colombia, de Ecuador y nuevamente la de
Venezuela. Sufre algunas derrotas, pero también importantes victorias. El Libertador
no conoce reposo. Nuevas empresas le llaman. Ahora es Ecuador, gracias a Sucre,
que logra su libertad el 16 de mayo de 1822.
Bolívar crea la Gran Colombia, conjunto de países integrados
por Venezuela, Nueva Granada y la Antigua Audiencia de Quito. Queda la duda si
Guayaquil entraba dentro de la Gran Colombia. Bolívar convenía y Guayaquil pasa
a formar parte de este nuevo conglomerado. Más tarde, Peró ingresaba a esta
nueva lista.
El final
La guerra por la libertad continuaba. Eran los retoques
finales. Así, el 9 de diciembre de 1824, los últimos regimientos realistas
bajaban, derrotados, las armas en Ayacucho. Bolívar no estaba presente, pero sí
su lugarteniente el general Antonio José de Sucre, excelente mariscal, y uno de
los más cercanos colaboradores del libertador. La independencia de América se
había consumado. Todo era el paroxismo. La gente gritaba hasta el delirio.
Pero, la embriaguez del triunfo iría pasando como ráfaga de viento. Habría
levantamientos. Santander, en Bogotá; y Páez, en Caracas. Ambos conspiran
contra el Libertador.
Bolívar vuelve a su patria. Ve descorazonado que todo se
derrumba. El arquitecto y forjador de la tan soñada América libre e
independiente ve que su obra apenas se mantiene en pie. Trata de apuntalar el
edificio, pero éste empieza a caer. Los causantes: todos aquellos quienes,
ávidos de poder y de venganza, riqueza y codicia, consciente o
inconscientemente destruyen todo lo que hasta esa fecha se había hecho.
Muerte y desenlace
Venezuela de desgaja de la Gran Colombia. Sucre, el fiel
amigo de Bolívar, es vilmente asesinado en Berruecos. Su patria desconoce a
Bolívar. El libertador aborda una tremenda y cruel enfermedad. Un español, Don
Joaquín de Mier, lo acoge en su finca de San Pedro Alejandrino. Y ahí,
debatiéndose en sus pensamientos entre "el hombre tal cual es" y
leyendo "El Quijote", que significaba para él "el hombre como
debiera serlo", Bolívar muere el 17 de diciembre de 1830.
Una muerte triste, en verdad. La muerte de un gran hombre
que quiso dar lo mejor de sí y en gran parte lo logró. Dio libertad a cinco de
las actuales Repúblicas sudamericanas. Quiso y dio los pasos por una América
más unida. Dio los fundamentos para una mejor democracia. Fue un gran hombre y
un gran héroe. Un gran personaje cuyo nombre fue Simón Bolívar.